Poco a poco las variantes SW de Volvo van tomando protagonismo, como auténtico vehículo familiar con soluciones prácticas. El diseño del nuevo V70 se inspira en el coche anguloso que ha definido las versiones precedentes, pero suaviza las líneas con pequeñas curvaturas incluso en los ya clásicos pilotos verticales traseros, dándole un mayor dinamismo.
Si hay algo que caracterice a esta última generación del V70 es la perfecta combinación de las últimas tecnologías con un ambiente interior refinado, y ahora, gracias a la plataforma del nuevo S80, un aumento de la habitabilidad interior, fruto de su batalla extendida hasta los 2,82 m (6 cm más), con unas generosas dimensiones exteriores de 4,82 m (11 cm más).
El interior es más selecto, y en él no sólo ha primado el mayor confort de los asientos, sino un ambiente menos recargado, con un salpicadero más limpio de formas, madera integrada y plásticos acolchados, y una consola central al aire inspirada en los S40/V50 (con hueco portaobjetos detrás).
Las plazas traseras se benefician claramente de su mayor batalla y anchura, con bastante espacio para piernas y nuevos cojines infantiles ajustables en dos alturas que permiten a los más pequeños utilizar los cinturones de seguridad.
El maletero, pilar básico del modelo, aumenta su capacidad a 530 litros y un doble fondo con 45 litros más (que permite guardar pequeños objetos). Aunque es muy ancho, no lo es tanto en altura hasta la bandeja cubrecarga, limitando la ocultación de objetos voluminosos.
Sin embargo se beneficia de cierta funcionalidad con separadores de carga y redes modulables, que permiten llevar cualquier objeto bien sujeto. En cuanto a motores, el V70 recurre a los conocidos 5 cilindros en línea de 2.5 litros Turbo de gasolina con 200 CV, y las dos variantes diesel 2.4 D y D5 de idéntica cilindrada con 163 y 185 CV respectivamente. Pero la gran novedad es la incorporación de dos nuevos motores 6 cilindros transversales, un 3.2 atmosférico de 238 CV, y por primera vez en el V70, una variante T6 de 3 litros y sobrealimentación con 285 CV, ambas asociadas a una caja automática secuencial de 6 velocidades.
Mientras el 3.2 acelera suave y progresivamente desde la zona baja de revoluciones hasta 6.500 rpm, el T6 lo hace de la misma manera pero de forma contundente, destacando el agarre de su tracción integral y el cambio por su suavidad, aunque no por rapidez para tratarse de una variante deportiva.
Parecida aceleración encontramos en el D5, motor dotado de gran elasticidad que empuja desde 1.300 rpm hasta 4.800 rpm. Este monta un cambio manual (6 relaciones) bastante preciso aunque con recorridos largos de palanca y bien insonorizado, pero al pisar el acelerador a fondo la sonoridad aumenta sin llegar a ser desagradable.
Si la variante diesel monta la amortiguación estándar mecánica, de carácter confortable, los gasolina equipan suspensiones regulables en tres modos: Cofort, Sport y Advance. Mientras en la primera prima el confort, las dos siguientes están orientadas a la conducción más ágil, recomendando el Advance más seco para firmes bien asfaltados. La dirección de asistencia progresiva es agradable en todos pero algo sensible, mientras los frenos cumplen a la perfección.
El elenco de tecnología de que hace gala pasa por el arranque por botón (con llave inteligente), freno de mano eléctrico, control de crucero adaptable, portón de apertura automática y hasta climatizador con sistema de calidad del aire, haciendo que el precio básico comience en 38.905 euros en el 2.5 T, para alcanzar los 53.025 euros de el T6. En otoño llegarán las versiones 4 cilindros, 2 litros de 136 y 140 CV, en diesel y gasolina Flexifuel respectivamente.

