Gerardo Romero-Requejo M.
El SUV de lujo entra en una nueva era sin renunciar a su ADN todoterreno
El Range Rover Electric es el primero 100 % eléctrico de la mítica saga que comenzó hace más de cinco décadas, redefiniendo el refinamiento, la tracción y la experiencia de conducción del SUV de lujo por excelencia.
El nombre Range Rover lleva más de medio siglo asociado a una fórmula muy concreta: lujo, capacidad todoterreno, confort de larga distancia y una presencia que ha terminado convirtiéndose en una categoría propia dentro del automóvil. Ahora esa fórmula afronta uno de sus cambios tecnológicos más importantes, al inaugurar con este Range Rover EV la primera generación completamente eléctrica del modelo y lo hace con una premisa tan sencilla como exigente: cambiar el sistema de propulsión sin alterar aquello que los clientes esperan de un Range Rover.

La estrategia tiene especial relevancia porque no se trata simplemente de sustituir un motor de combustión por uno eléctrico. La marca ha desarrollado el vehículo alrededor de una arquitectura preparada para integrar distintas tecnologías de propulsión, de manera que el Range Rover pueda ofrecer alternativas de combustión, híbridas enchufables y eléctricas dentro de una misma familia. La propia marca presenta esta flexibilidad como una pieza central de su estrategia industrial.
El Range Rover Electric no pretende parecer un experimento
La primera decisión de diseño es también una declaración de intenciones. El Range Rover Electric no busca diferenciarse mediante una estética radicalmente futurista. Conserva las proporciones, superficies limpias y lenguaje formal que identifican al modelo actual, aunque introduce modificaciones destinadas a mejorar la eficiencia aerodinámica.

La parrilla presenta un tratamiento específico que reduce las turbulencias y contribuye a mejorar la eficiencia a velocidad elevada, mientras que el tratamiento de los bajos y las llantas específicas forman parte de ese trabajo de optimización aerodinámica. El objetivo es reducir las pérdidas energéticas sin convertir al SUV británico en un ejercicio de diseño experimental.
Esta aproximación es especialmente importante en un automóvil de lujo de gran tamaño. En un vehículo convencional, una mayor masa y una carrocería elevada tienen un impacto directo sobre el consumo; en un eléctrico, esas mismas características también condicionan la autonomía. Por eso, cada mejora aerodinámica puede traducirse en kilómetros adicionales y, sobre todo, en una menor frecuencia de recarga.

Interior: centrado en los materiales y la insonorización
El habitáculo del Range Rover Electric lleva la conocida filosofía de diseño reductivo de la marca a un territorio todavía más silencioso y sereno. La ausencia de vibraciones y del ruido mecánico del motor de combustión refuerza la sensación de estar dentro de un auténtico santuario rodante, con materiales cuidadosamente seleccionados, superficies limpias y una arquitectura orientada a transmitir amplitud y sofisticación.
La gama contempla tapicerías y combinaciones de materiales de elevada calidad, mientras que la First Edition introduce un interior específico sin cuero en tono Light Cloud, con Ultrafabrics PU y Kvadrat, que aporta una interpretación más contemporánea del lujo tradicional de Range Rover.

El puesto de conducción mantiene el equilibrio entre tecnología y sencillez que caracteriza a la generación actual, con una instrumentación digital de 13,7″ y una pantalla central curva de 13,1″ desde la que se controlan las principales funciones del vehículo, introduciendo gráficos e información específica del sistema eléctrico.
Pero el verdadero protagonista es el confort: la climatización, la calidad acústica y los sistemas de purificación del aire están concebidos para que los ocupantes perciban el habitáculo como un espacio aislado del exterior. En el Electric, además, la conducción silenciosa permite apreciar con mayor claridad detalles normalmente secundarios —el tacto de los materiales, el funcionamiento de la suspensión o incluso el sonido ambiental—, convirtiendo el silencio en un elemento más del equipamiento de lujo.

Dos motores eléctricos y prestaciones de V8
La parte más contundente del Range Rover Electric está bajo la carrocería. Dos motores eléctricos síncronos de imanes permanentes, cada uno con una potencia de hasta 260 kW (354 CV), proporcionan una entrega combinada de hasta 550 CV y 850 Nm. Esa cifra de par supera a la disponible en buena parte de las motorizaciones tradicionales de la gama y permite que la respuesta del acelerador sea inmediata, además de homologar hasta 2.500 kg de capacidad de remolque.
La aceleración anunciada hasta 100 km/h es de aproximadamente 4,5 segundos, mientras que la capacidad para pasar de 80 a 120 km/h se sitúa en torno a 2,7 segundos. Pero la característica más interesante no es necesariamente la aceleración máxima. En un Range Rover, la entrega progresiva del par resulta mucho más relevante para el uso real. Un sistema eléctrico puede dosificar la fuerza aplicada a cada rueda con una precisión que sería mucho más difícil de conseguir mediante un sistema mecánico convencional.

Ahí entra en juego la electrónica de control. El sistema Integrated Traction Management puede modificar la respuesta del tren motriz en intervalos de apenas 50 milisegundos. El resultado es una gestión del deslizamiento especialmente rápida, una característica crucial cuando el vehículo circula sobre barro, nieve, grava, arena o superficies mojadas.
El todoterreno eléctrico como prueba de fuego
Pero, lógicamente, la verdadera prueba de fuego para el Range Rover Electric no está en una autopista ni en una aceleración desde parado. Está fuera del asfalto. La electrificación introduce una ventaja considerable para la conducción todoterreno: el motor eléctrico puede entregar par prácticamente de forma instantánea y controlar su respuesta con una precisión muy elevada. Eso permite trabajar sobre la tracción de manera más fina y evitar pérdidas de adherencia antes de que se conviertan en un problema.

El sistema de conducción con un solo pedal se integra además con las funciones Terrain Response, permitiendo adaptar la tracción del vehículo a distintos terrenos y afrontar pendientes especialmente pronunciadas. Range Rover sitúa su capacidad máxima de ascenso en torno a los 45 grados.
También destaca su capacidad de vadeo, anunciada en hasta 90 cm, una cifra excepcional para un SUV eléctrico de lujo. La propia marca advierte, como es lógico, que antes de atravesar agua hay que comprobar el recorrido y la salida del obstáculo…
El centro de gravedad más bajo derivado de la ubicación de la batería también juega a favor de la dinámica. A ello se suma la suspensión neumática de doble cámara, que busca mantener el aislamiento y la comodidad característicos del modelo sin penalizar la estabilidad.

Una batería grande, pero también diseñada para viajar
El Range Rover Electric utiliza una batería de 118,5 kWh utilizables, capacidad considerable, pero el dato adquiere mayor sentido cuando se observa el tamaño, peso (2.800 kg en vacío) y utilización prevista del vehículo.
La autonomía máxima homologada alcanza 600 km WLTP, mientras que la marca estima hasta aproximadamente 535 km de autonomía real en determinadas condiciones. La diferencia entre ambos valores depende de la velocidad, temperatura, carga, orografía, neumáticos y estilo de conducción.
Para un SUV de esta categoría, la gestión térmica es tan importante como la capacidad energética. Para ello, el sistema ThermAssist coordina la temperatura de batería, motores y habitáculo para reducir pérdidas y mantener el sistema dentro de su ventana de funcionamiento óptima. Según los datos comunicados por la compañía, esta tecnología puede aportar hasta 40 km adicionales de autonomía y reducir un 40 % la energía utilizada para calefacción.

Range Rover Electric 2027: carga de 800 V, la clave para reducir las esperas
La arquitectura eléctrica de 800 voltios es otro de los elementos que sitúan al Range Rover Electric en la parte alta del mercado. Con un cargador rápido de corriente continua de hasta 350 kW, la marca anuncia una recuperación del 10 al 80 % en aproximadamente 22 minutos. También afirma que es posible añadir hasta 220 km de autonomía WLTP en unos 10 minutos en condiciones óptimas.
En casa, Range Rover ofrece la posibilidad de utilizar un cargador de corriente alterna de hasta 22 kW. La información oficial sitúa el tiempo de carga completa en unas 7 horas con esa potencia, frente a unas 19 horas con un equipo de 7 kW.

Más software, más diagnóstico y una batería bajo vigilancia constante
El salto tecnológico no termina en el sistema de propulsión. El Range Rover Electric incorpora una filosofía de vehículo definido por software, con capacidad para recibir actualizaciones remotas y utilizar grandes cantidades de información procedente del automóvil para anticipar necesidades de mantenimiento.
Uno de los elementos más llamativos es el Battery Digital Twin, concebido para supervisar el estado de la batería mediante centenares de parámetros de diagnóstico. La estrategia pretende transformar el mantenimiento de un proceso fundamentalmente reactivo en uno más predictivo.

Range Rover Electric 2027: gama para España
La gama contempla diferentes niveles de equipamiento y carrocerías, incluyendo variantes de batalla corta y larga. La oferta se completa con una First Edition de producción especialmente configurada, con colores como Belgravia Green, Santorini Black y Varesine Blue, además de materiales específicos para el habitáculo. La personalización Range Rover Bespoke amplía todavía más las posibilidades mediante pinturas, materiales, combinaciones cromáticas y acabados individuales.
Fabricado en Solihull, Reino Unido, el precio comunicado para el Range Rover Electric parte de 163.250 euros en España, aunque el coste final aumenta considerablemente al acceder a niveles superiores de equipamiento y personalización. Como referencia, la gama Range Rover convencional ya parte actualmente de 152.250 euros en el mercado español, lo que sitúa al eléctrico dentro de una estrategia de posicionamiento claramente premium y no como una alternativa de acceso.

La garantía del vehículo es de 5 años o 150.000 km, subiendo a 8 años o 160.000 km para la batería de alta tensión.
