Gerardo Romero-Requejo M.
La seguridad vial en la encrucijada
La seguridad vial en las carreteras españolas puede verse comprometida por el traslado de los desplazamientos ferroviarios hacia el automóvil, aumentando la presión sobre una red viaria en la que 3.122 kilómetros presentan un riesgo elevado o muy elevado de sufrir accidentes graves o mortales.
Tras los graves accidentes de Adamuz y Urda en los últimos 9 meses, la pérdida de confianza en el ferrocarril vuelve a poner sobre la mesa un problema que afecta directamente a los conductores: la capacidad de las carreteras españolas para absorber nuevos desplazamientos.

Cuando el tren deja de ser una alternativa fiable, muchos viajeros recurren al automóvil. Esta transferencia de movilidad puede incrementar el tráfico en una red que ya presenta problemas de conservación, congestión y seguridad vial. El riesgo es trasladar el problema de una infraestructura a otra sin adoptar las medidas necesarias.
3.122 kilómetros de carreteras presentan un riesgo elevado
El último informe de evaluación de la Red de Carreteras del Estado, publicado en febrero de 2026 con la participación de la Fundación RACE y el RACC mediante la metodología iRAP, anteriormente conocida como EuroRAP, identifica importantes puntos vulnerables.
El estudio analiza 26.470 kilómetros de carreteras estatales durante el periodo 2022-2024 y recoge 3.873 accidentes con 1.341 víctimas mortales y 3.566 heridos graves.
Su principal conclusión es que 3.122 kilómetros presentan un riesgo elevado o muy elevado de sufrir un accidente grave o mortal, lo que representa el 11,8 % de la red analizada y un incremento respecto del informe anterior de 2024.
Las carreteras convencionales siguen siendo las más peligrosas, con un índice de riesgo casi cuatro veces superior al de las vías de alta capacidad. Sin embargo, también preocupa el incremento registrado en autopistas y autovías dependientes del Ministerio, cuyo índice pasa de 6,1 a 6,4. Es el primer aumento en 15 años.
Estos datos no demuestran que un incremento del tráfico vaya a provocar automáticamente más accidentes, pero sí evidencian que la red viaria presenta vulnerabilidades que deben considerarse ante cualquier cambio importante en la movilidad.

Más coches, más presión sobre las carreteras
La pérdida de servicios ferroviarios no significa que todos los viajeros vayan a utilizar el coche. Parte de la demanda puede trasladarse al autobús o incluso desaparecer mediante cambios en los desplazamientos. Sin embargo, cuando no existen alternativas colectivas suficientes, el vehículo privado suele convertirse en la solución más inmediata.
Esta situación afecta especialmente a las conexiones entre ciudades medianas, municipios rurales y áreas metropolitanas, donde la oferta de transporte público puede ser limitada.
El resultado puede ser una mayor intensidad de circulación en carreteras convencionales, accesos urbanos y corredores interurbanos.
A ello se suma el deterioro del firme. Los baches, las fisuras, las roderas y las deformaciones del asfalto pueden comprometer la estabilidad y adherencia de los vehículos, especialmente cuando coinciden con tráfico intenso, velocidades inadecuadas o condiciones meteorológicas adversas.
La congestión también favorece las frenadas frecuentes, los cambios de velocidad y las maniobras bruscas, situaciones que pueden incrementar el riesgo de colisiones por alcance y otros incidentes.
Por eso, la conservación preventiva de las carreteras resulta fundamental. No basta con reparar los desperfectos cuando ya son evidentes: es necesario anticiparse mediante inspecciones y actuaciones periódicas.
Más desplazamientos individuales y mayor exposición al riesgo
El ferrocarril permite transportar a numerosos pasajeros en una misma composición, mientras que el automóvil distribuye esos desplazamientos entre muchos vehículos.
Si una parte de los usuarios del tren opta por el coche, pueden aumentar los vehículos-kilómetro recorridos y, con ellos, la exposición colectiva al riesgo de accidente.

No significa que cada nuevo desplazamiento vaya a terminar en un siniestro, pero sí que una mayor dependencia del automóvil puede incrementar la presión sobre las infraestructuras y la exposición de los conductores.
Además, la pérdida de conexiones ferroviarias tiene consecuencias económicas y sociales: más gastos de combustible y mantenimiento, mayor dependencia del vehículo privado y dificultades de acceso al empleo y a servicios esenciales para quienes viven en zonas rurales.

Mantenimiento e inversión: las claves para mejorar la seguridad vial en las carreteras españolas
La respuesta debe combinar una red ferroviaria funcional con carreteras seguras y alternativas de transporte público suficientes.
Entre las prioridades destacan:
- Rehabilitar los firmes deteriorados y reparar baches y deformaciones.
- Inspeccionar periódicamente los tramos con mayor riesgo de siniestralidad.
- Mejorar la seguridad de las carreteras convencionales.
- Reforzar la conservación de autopistas y autovías.
- Coordinar trenes y autobuses para evitar que el automóvil sea la única alternativa.
- Evaluar el impacto sobre el tráfico antes de reducir conexiones ferroviarias.
Los 3.122 kilómetros identificados con riesgo elevado o muy elevado y el incremento del índice de riesgo en autopistas y autovías constituyen una advertencia. La carretera seguirá siendo imprescindible para la movilidad en España, pero no puede absorber nuevas necesidades de transporte sin recursos adicionales.
Cuando el tren pierde capacidad para conectar territorios, los desplazamientos no desaparecen: cambian de medio de transporte. Si ese trasvase termina aumentando el tráfico sobre carreteras vulnerables, la congestión, el deterioro de las infraestructuras y la seguridad vial en las carreteras españolas pueden convertirse en un problema todavía mayor.

¿Cuántos kilómetros de carreteras españolas presentan riesgo elevado de accidente?
Según el informe de evaluación de la Red de Carreteras del Estado correspondiente al periodo 2022-2024, 3.122 kilómetros presentan un riesgo elevado o muy elevado de sufrir un accidente grave o mortal. Representan el 11,8 % de la red analizada.
¿Qué carreteras son más peligrosas en España?
Las carreteras convencionales presentan índices de riesgo casi cuatro veces superiores a los de las vías de alta capacidad, según los datos del informe citado.
¿Puede aumentar el tráfico por carretera si disminuyen los servicios ferroviarios?
Sí. Parte de los viajeros puede recurrir al automóvil o al autobús cuando pierde conexiones ferroviarias. El impacto depende de las alternativas disponibles y de las necesidades de movilidad de cada territorio.

¿Cómo influye el deterioro del asfalto en la seguridad vial en las carreteras españolas?
Los baches, las fisuras y las deformaciones pueden afectar a la estabilidad y adherencia de los vehículos, aumentando el riesgo en determinadas condiciones de circulación.
¿Por qué es importante el mantenimiento preventivo de las carreteras?
Permite detectar y reparar desperfectos antes de que se agraven, mejorar las condiciones de circulación y reducir la exposición a situaciones de riesgo.
