La puerta del Casino de Monte Carlo se encuentra en pleno paso por los monoplazas. Y la ruleta monagesca fue caprichosa. No quiso salir el rojo, por mucho que Fernando Alonso y Ferrari apostaran todo a su color. Cuando el cupiere dijo “hagan juego señores, no va más”, la suerte estaba echada. Cuando se apagó el semáforo, el color rojo se vio serpenteante recuperar una posición; para su piloto, Fernando Alonso, era estar ya en el tercer puesto, en posición de cajón. Pero delante se veía el color ganador de la apuesta: el azul de Red Bull. Sebastian Vettel se lanzó hacia adelante sin imaginar que la suerte estaría de su parte esa tarde. Era la carrera de la incertidumbre, la carrera del que todo puede pasar. Mientras que Vettel apostaba por el azul y Alonso por el rojo, el público apostaba por la vuelta en que saldría el Coche de Seguridad, porque seguro que saldría, y ello por dos razones: porque todavía no ha hecho su aparición este año, «rara avis», y porque en Mónaco siempre sale. Por eso había expectativa, porque el Safety Car es una lotería. Y no sería hasta la vuelta 34 cuando haría su aparición estelar el Coche de Seguridad. Hasta ese momento, Vettel y Alonso controlaban la carrera.
Ya desde el principio, el alemán dejó claro que no iba a permitir romper la tradición de quien sale en la pole gana la carrera. Ponía pies en polvorosa desde la primera vuelta, pero Alonso no iba a ceder, con un Button delante suyo aguantando la segunda plaza y las acometidas del asturiano. Guerra de nervios, guerra de desgaste de neumáticos, tensión máxima. El DSR o alerón móvil se podía activar en la recta de meta, espectáculo para la galería no para los pilotos que no tienen suficiente espacio para usarlo con comodidad. La tracción en La Rascase se antojaba crucial para coger el rebufo y la aspiración del de delante. El asturiano avisaba con vuelta rápida en el giro 9. Por detrás, Hamilton desatado, apretaba a todos. A Schumacher le pasaba por sitio inverosímil, subiendo Santa Devota y no sabía por dónde le venían los adelantamientos. Webber aguantaba a duras penas la cuarta plaza. Las paradas no tardarían en llegar pues los superblandos calzados por los 10 primeros, menos Hamilton que tenía que hacer algo distinto, no aguantarían mucho más. Massa adelanta a Rosberg pero le choca y el alemán ha de parar. Massa le pasa en la piscina. En la 11, nueva vuelta rápida de Alonso. En la 15 Vettel ya presenta problemas de gomas y ve como le van comiendo el terreno Button y Alonso por detrás. En la vuelta 16 paran Vettel y Button. En Red Bull pierden mucho tiempo, algo insólito. Es su primer fallo en todo lo que va de Mundial. Hasta el momento, en las carreras disputadas, Vettel le ha metido a Alonso más de un minuto en todas las paradas computadas hasta el momento. Pero en Mónaco fallaron. Tardaron mucho. Alonso era líder de carrera y en mi opinión, cometió el error de entrar en boxes a la vuelta siguiente, cuando podía haber aprovechado un par de vueltas más para recortar la distancia, teniendo en cuenta que tanto Vettel como Button tardarían en calentar gomas. Entró Alonso en la 16, parada perfecta, rápida, y sale justo por detrás a Vettel, lo tiene a tiro. Le faltó el canto de un duro para salir delante. Si hubiese esperado una vuelta más en pista antes de entrar…
En la 23, nuevo error en el Pit-Stop de los tuercas, esta vez con Hamilton, que tuvo la negra durante toda la carrera. Y en esa vuelta, Alonso mejora todos sus registros y se pone a tres segundos de Vettel. Entre tanto, por detrás, unos y otros hacen lo que pueden. Schumacher se marca su adelantamiento particular en la curva Loewx pasando a Rosberg. En la 32 para Button, que va a tres paradas, saliendo detrás de Alonso. Desde entonces y hasta el final no se alterarían las tres posiciones. Pero, ¡hay, la de cosas que pasarían todavía!. Como decíamos, el coche de seguridad hizo su aparición en la vuelta 34 con el accidente de Massa en el túnel, con su lucha particular con Hamilton que salió de rositas del lío. Alonso aprovechó para hacer su segunda y definitiva parada. En la 38 se fue el coche de seguridad y se relanzó la carrera. Parecía que Vettel tenía problemas de gomas, pues decidió no parar y mantener la posición de cabeza de carrera en una apuesta arriesgadísima que a la postre le daría la victoria. Pero era un espejismo. El alemán aguantó como un jabato con sus gomas durante 63 vueltas. A Hamilton le sancionan con un drive-through, por su incidente con Massa en al curva de Loews, donde el inglés le metió el morro por el interior, metiendo el coche por el piano. Definitivamente, el inglés tenía un día negro, muy negro. Y todavía le quedaba el final, la montonera que se montó con Petrov, Alguersuari, etc, y que provocó la bandera roja a falta de seis vueltas.
Desde la vuelta 50 (la carrera es a 78 vueltas), Alonso y Vettel dieron un recital de cómo se conduce en Mónaco. El español, pegadísimo, hacía la goma, le amagaba al alemán, que no se dejaba pasar. Sin errores, sin fisuras de ambos. Era un toma y daca, vuelta tras vuelta, pegados a un segundo, a menos en algunos tramos. Todos expectantes esperando el desgaste de gomas, en especial de las de Vettel que no paró con el primer coche de seguridad. Y que le pusieron los blandos por un error en el pit-stop, pues le pusieron a él las gomas que eran para Webber. Pero eso le salvó pues ya cumplía con la norma y había usado al menos un juego de ambos compuestos: los superblandos y los blandos. Por eso no paró el alemán, aguantando las acometidas del español. Vuelta a vuelta. Dramático final. El mejor final de Mónaco en mucho tiempo. Alonso lo tenía claro: tenía más ritmo, mejores gomas y le metería el morro en las tres últimas vueltas. Había estudiado a su adversario, lo tenía a tiro y se lanzaría a por él. El riesgo de choque era grande, pero menor que el premio: ser primero y recortar puntos al líder. «Yo estaba dispuesto a dar el cien por cien. Sabemos que el riesgo en Mónaco es del 50 por ciento, aquí un fallo te puede dejar fuera. Esto es Mónaco y corres ese riesgo», dijo Alonso al terminar. Cuando estaba a punto de iniciar el ataque, los que nada se jugaban quisieron ser protagonistas y en la zona de la piscina, se produjo el choque violento con Alguersuari, Petrov (el más perjudicado), Hamilton, y Adrián Sutil, que siempre está en todas. El lío fue monumental, con apariencia de gravedad para Petrov. Por detrás venía lanzado el trío de cabeza que a duras penas pudo sortearles sin implicarse. Vettel, Alonso y Button, los tres pegados a falta de seis vueltas, tenían que parar porque después de la incertidumbre de la bandera amarilla y el coche de seguridad en pista, sacaron bandera roja y todos a la parrilla. Orden de parada en parrilla. La confusión era total. Todos dábamos la carrera por terminada al haberse disputado el 75 % de la carrera, tal y como marca el Reglamento. Pero hubiese sido demasiado hurtar del espectáculo del fin de carrera con tres pilotos con las gomas destrozadas pero con las uñas afiladas. McLaren reparaba como podía el alerón trasero de Hamilton, y de repente, algo insólito: todos cambiaron las gomas. Algo no prohibido por el Reglamento pero a todas luces irregular, pues la norma dice que los cambios de gomas se hacen dentro del box cuando no está la carrera en marcha, y en el pit-lane en carrera lanzada. Y en Mónaco estaban en parrilla, formados. La decisión estaba en manos del Director de Carrera, Charlie Waiting, que permitió el desaguisado. A falta de 5 vueltas, se reanudaba la carrera, todos detrás del coche de seguridad y con gomas nuevas. Fácil para Vettel, que daba gracias a la Providencia, imposible para Alonso y Button pensar ya en adelantamiento. Las últimas tres vueltas de carrera fueron una pantomima, un insulto a los aficionados que veían atónitos cómo se les hurtaba el espectáculo.
Vettel conseguía la gloria de ganar su primer Gran Premio de Mónaco. Y de paso, afianzar más su distancia con sus rivales. Con Alonso, la distancia es ya sideral: 74 puntos. Harían falta tres victorias del asturiano y tres ceros del alemán. Algo impensable hoy, pero ¿posible mañana?.
Próxima carrera: Gran Premio de Canadá, el 12 de junio en el Circuito de Montreal.
¡Hasta pronto, amig@s!


