Bugatti Bolide

29 octubre, 2020
J.C. BERGER
Monstruo de circuito

¿Superdeportivo? ¿Hiperdeportivo? ¿Megadeportivo? Realmente no hay calificativo apropiado para definir un vehículo terrestre tan extremo como este Bugatti Bolide, que ha sido dado a conocer como el máximo exponente en prestaciones en la historia del automovilismo.

Aunque no se trate de un vehículo de calle, sin duda supone la contestación de Bugatti al reciente récord de velocidad logrado por el «modesto» SSC Tuatara norteamericano, como aviso de que pronto intentará recuperar el trono perdido. El espíritu de este vehículo excepcional nació como un desafío personal del presidente de Bugatti, Stephan Winkelmann, quien pidió al equipo de la marca crear un vehículo que sobrepasara todo lo conocido, superando los límites establecidos por la propia Bugatti, para ir más allá del Chiron Supert Sport 300+ (que batió el récord mundial de velocidad en asfalto) o del Bugatti Voiture Noire de 2019 (380 km/h y 2,4 segundos de 0 a 100 km/h). La idea según Winkelmann era representar “un Bugatti en su forma más pura, con sólo 4 ruedas, un motor, una caja de cambios, un volante, y como único lujo, dos asientos”.

Una bestia del asfalto

El nombre no puede ser más acertado, ya que este Bugatti, evolución última del Chiron, es un auténtico bólido supersónico, una especie de meteorito terrestre que anuncia más de 500 km/h de velocidad punta y una aceleración increíble (2,2 segundos de 0 a 100 km/h, 4,36 para llegar a los 200 km/h y 7,4 para los 300… Y sigue, sigue: en 12,1 segundos (un buen crono para el 0-100 km/h de muchos turismos normales) alcanza los 400 km/h, y en algo más de 20 segundos… ¡los 500 km/h! Son prestaciones terrestres propias de un avión de caza de la segunda guerra mundial (al fin y al cabo su motor es más potente que el de la mayoría de ellos).

Bugatti lo ha mostrado como un “concept” real, un deportivo de competición “carreras/cliente” más próximo a los coches del campeonato LMP1 de resistencia (ha logrado batir el récord del circuito de Le Mans; 3 minutos, 7 segundos y una décima, superando el récord absoluto de la pista de La Sarthe hasta ahora en poder de Toyota). Y en el germano Nordschleife de Nürburgring su crono apunta a 5’23,1”… (apenas 4 segundos más que el récord absoluto que en este circuito detenta el Porsche 919 Hybrid Evo, con 5’19” y 546 milésimas de segundos…). Pero en cualquier caso son realmente estratosféricos, más allá de cualquier vehículo terrestre.

Materiales ultraligeros

En todo caso, la tarjeta de presentación con estas marcas en circuitos reconocidos, no son de extrañar en un vehículo que pesa 1.240 kg para 1.850 CV de potencia, o sea una relación peso/potencia de 0,67 kg/CV, al nivel, o incluso superior a de los Fórmula 1. Para lograr ese peso a partir del chasis del Bugatti Chiron, ha habido que eliminar todo elemento superfluo, a fin de obtener el mínimo peso indispensable suprimiendo casi todos los elementos de lujo y confort, e incorporando los materiales más duros y resistentes del momento, con la fibra de carbono en primer lugar, pero también el titanio aeroespacial, todo hasta conseguir un peso final por debajo de la tonelada y media, y que supone 725 kg menos que el Chiron Pur Sport, el Bugatti más ligero de su gama de superdeportivos de calle.

Así pues, el monocasco de este Bolide es de fibra de carbono, con una rigidez “extraordinaria” según Bugatti (ha sido desarrollado por la industria aeroespacial). Se han seguido los proceso habituales de homologación como LMP1 por parte de la FIA, por lo que el Bolide es compatible con el sistema HANS (equipo automático de extinción de incendios), cuenta con un dispositivo especial de remolque, ventanas de policarbonato ligero y cinturones de seguridad con arneses de 6 puntos.

Diseño y aerodinámica radical

Su presencia es realmente impresionante, con unos ángulos y perfiles muy marcados que no permiten identificarlo con el Chiron. Mide dos metros de ancho (1,99 m) por uno escaso de alto (99,5 cm), con una longitud total de 4,76 m sobre una plataforma de 2,75 m de batalla y tan sólo 7 cm de altura libre al suelo. Bugatti ha recurrido como en otros modelos especiales a un esquema propio de colores, aunque dada la alta proporción de piezas de carbono a la vista (más del 60%) sólo hay un 40% de la carrocería pintada en en una nueva interpretación del azul Francia de competición.

Diseñado como dos plazas, los asientos están concebidos para ir más tumbados que sentados, sobre unos “buckets” en fibra de carbono de una sola pieza. Como en la mayoría de los coches de la LMP1, las puertas se abren en forma de élitros (hacia arriba y hacia adelante), con una amplia visibilidad anterior y casi inexistente posterior, tanto por la toma aerodinámica de aire del techo (que va directa al colector de admisión del motor) como por el enorme alerón fijo trasero. Una toma superior de techo que puede variar su ángulo en función de las necesidades (para ofrecer más o menos resistencia al aire..).

La aerodinámica es realmente decisiva en el desarrollo de este coche, ya que a las velocidades que desarrolla lo normal es volar y no rodar. Por eso el Bugatti Bolide adopta una aerodinámica inspirada en la Fórmula 1, a fin de conseguir que el coche se mantenga pegado al asfalto en todo momento. Lo que supone generar unos apoyos dinámicos muy elevados sobre ambos ejes, para que los presionen contra el suelo. Así, a 320 km/h el Bolide genera una “downforce” de 800 kg en el eje delantero, y más del doble (1.800 kg) sobre el trasero, gracias al enorme alerón fijo. La obsesión por rebajar el peso se extiende a todos sus componentes; todos los tornillos y elementos de unión del coche están hechos de titanio, con algunas piezas extremadamente finas (tan sólo medio mm de espesor) para ahorrar peso.

Igualmente, las pinzas de los discos de freno –de 380 mm de diámetro y carbocerámicos– tienen 6 pistones cada una, pero solo pesan 2,4 kg y las llantas forjadas de magnesio y 18” solo añaden 7,4 kg al conjunto cada una (las delanteras, y un kilo más -8,4- las traseras). Por último, los neumáticos son unos Michelin Racing especiales (30/60 y 37/71) con 340 mm de ancho delante y 400 mm detrás. Por supuesto, la suspensión ha sido convenientemente modificada para adecuarse a las increíbles prestaciones de este bólido, sacrificando el compromiso con el lujo aún apreciable en el Bugatti Chiron, ante el único objetivo de la máxima velocidad y efectividad sobre un circuito.

La competición como fin último

La idea extrema de simplicidad, casi se ha hecho realidad en el interior del Bolide, cuya única instrumentación interior es una pantalla de competición donde se pueden ver los datos más relevantes para el piloto, a fin de controlar los tiempos por vuelta, controlar la temperatura del aceite y ver su capacidad de soportar hasta los 2.8 G de empuje lateral que puede soportar el coche. Y todo sobre un asiento fijo, mientras que volante de auténtico monoplaza (recortado en su aro superior), pedales y reposapié pueden desplazarse longitudinalmente hasta 15 cm.

Aparte de este reto, a la idea de hacer un superdeportivo extremo más allá de todo límite se añadía la condición de que fuera compatible con los actuales circuitos de competición y cumpliese las exigencias de seguridad de la FIA, condición aceptada por el responsable del desarrollo técnico del Bolide, Stephan Ellrott, quien en apenas ocho meses logró que el equipo técnico de la marca construyera este sensacional prototipo sobre la base del Chiron, con su motor W16 y su tracción integral, y ajustado a la normativa de vehículos de competición de la FIA.

Bugatti no ha dado muchos detalles sobre la preparación del motor W16 de 8 litros de cubicaje (7.993 cc) del Bolide, salvo afirmar que ha sido modificado en profundidad, con toda la libertad que da el no tener que homologarlo como coche de calle. Así, retocando inyección, compresión y alimentación no ha sido difícil ganar 250 CV más a los 16 cilindros en W del bloque de los Veyron/Chiron.

La potencia oficial son 1.850 CV a 7.000 rpm con casi 189 mkg de par (desde 2.000 rpm), conseguidos sobre todo a base de soplar más los 4 turbocompresores capaces de aumentar la presión a mayores velocidades, a la vez que se ha potenciado todo el sistema de lubricación por cárter seco, para que actúe sin problemas incluso bajo fuerzas centrífugas muy elevadas (como en los aviones).

De momento, este sensacional Bugatti Bolide es un ejemplar único, aunque no se descarta que pueda llegar a convertirse en un modelo de producción en una pequeña tirada limitada exclusivamente al mundo de la competición… Un monstruo de circuito que hace guiños al mundo de la aeronaútica con su firma luminosa en X en faros y pilotos traseros, una “X” según Bugatti en honor del Bell X-1, el primer avión que rompió la barrera del sonido (1.225 km/h al nivel del mar y 1.080 km/h a 10.000 m de altura) en 1947 con el piloto Charles “Chuck” Yeager a los mandos. Quizá en Bugatti sueñen también con un coche capaz de romper la barrera del sonido sobre asfalto…