
El Tribunal Superior de Apelación de París se ha declarado incompetente para juzgar la demanda de los herederos de Louis Renault, fundador de la marca del rombo, para que se les indemnice por la expropiación forzosa de la misma que tuvo lugar al término de la Segunda Guerra Mundial, en 1945. Presentada hace un año, la demanda se basa en la supuesta inconstitucionalidad de la nacionalización de Renault (que pasó a ser empresa pública bajo la denominación de Régie Renault), aduciendo razones políticas (Louis Renault fue juzgado y condenado por colaboracionismo con el régimen de Vichy) y sobre todo, por la ausencia de indemnización como justiprecio de la misma. Hasta ahora la demanda ha sido denegada en sus dos recursos a los tribunales, aunque la familia Renault está dispuesta a llegar hasta el Tribunal de Casación para exigir la revisión del caso.
Louis Renault fundó la marca que lleva su nombre en 1899, y se consagró como primer constructor francés a partir de 1929, con la inauguración de su fábrica de Billancourt, en la isla Séguin, en medio del Sena y junto a París. Proveedor del ejército francés desde 1914 (sus famosos taxis protagonizaron la “voiee sacrée” que detuvo el avance alemán de 1916), fabricó desde entonces para el mismo sus tanquetas y blindados. Admirador en 1939 de Pétain y de Hitler (las fotos junto al dictador nazi fueron decisivas para condenarle), puso su fábrica al servicio de la Werhmacht (aunque fuera antes incautada por ésta). Luego, tras la liberación, fue detenido en septiembre de 1944 acusado de colaboracionismo, siendo trasladado enfermo y anciano a la prisión de Fresnes donde murió el 24 de octubre de 1944. Apenas tres meses más tarde, la firma fue nacionalizada (el 16 de enero de 1945) mediante un decreto del gobierno provisional del general De Gaulle.