En el pasado Salón de Fráncfort, el patrón del grupo Renault, Carlos Ghosn, anunció que para lograr cumplir en el futuro la restrictiva norma anticontaminación de reducción de emisiones (la futura Euro 7, prevista para 2020 y que tras el reciente escándalo de las emisiones de Volkswagen podría anticiparse), que impone una media máxima de 95 grs/km de CO2 por vehículo, será necesario avanzar por el camino de la hibridación. Renault, que hasta ahora había apostado por el vehículo eléctrico puro, extenderá la hibridación a través de una evolución del sistema de propulsión presentado en su prototipo Eolab (2014).
El primer modelo que incluiría este sistema denominado Hybrid Assist sería el recién renovado Mégane a principios de 2017, a partir del motor diesel más popular del grupo, el 1.5 dCi. Añadiendo a este motor una electrificación de apoyo, la reducción de la huella de carbono sería considerable, con una disminución del consumo hasta los 3 lts/100 km y unas emisiones de 76 grs/km de CO2. Más adelante, el sistema Hybrid Assist se extenderá también a los Renault Kadjar y al futuro Clio.

