Homenaje sobre Ferrari 458
En honor del hombre que durante 40 años dirigió la firma carrocera que fundó su padre, “pinin” Farina, hasta incorporar su nombre modificado a la misma y transformar su propio apellido, Pininfarina lanza este “concept” sobre un Ferrari 458 para presentar una barqueta biplaza extrema bajo el nombre de Sergio, último homenaje a Sergio Pininfarina a menos de un año de su muerte (falleció el pasado mes de julio), expuesto en el último Salón de Ginebra.
Fruto del Centro de Estilo Pininfarina, dirigido por Fabio Filippini, y decidido por Paolo Pininfarina y Silvio Pietro Angoni, máximos directivos de la marca carrocera, con el apoyo del máximo responsable de Ferrari, Lucca di Montezemolo, este “Sergio” es un prototipo de roadster biplaza de extraño diseño, sin parabrisas (lo que obliga a conducirlo con casco) y que a veces da la sensación de ser un modelo reversible, que tanto podría tener la proa donde la popa como al revés.

Mecánica y bastidor son los del Ferrari 458 Spider, con su motor V8 4.5 de 570 CV y un cambio robotizado secuencial de 7 relaciones en posición central. Con unas compactas dimensiones (4,55 m de largo por 1,94 de ancho y sólo 1,14 de alto) está realizado en fibra de carbono, logrando un contenido peso final de poco más de tonelada y cuarto (1.280 kg, unos 150 kg menos que el F 458), lo que unido a su elaborada aerodinámica (un 5% más penetrante que la del F 458) le permite anunciar unas sensacionales prestaciones de 320 km/h y tan sólo 3,4 segundos de 0 a 100 km/h.

Sin techo ni cristales, en rojo con detalles en negro y llantas doradas (de 21”), este “Sergio” es todo un homenaje al “senatore” que pese a sus evidentes guiños “retro” presenta un diseño actual, aunque muy distinto al de prototipos más recientes de Pininfarina como el Cambiano de 2012 ú otros anteriores. El frontal muy afilado queda rematado a la altura de la cabina por un minideflector central, con el retrovisor central en el medio (no lleva laterales), de modo que el flujo de aire pase por encima de las cabezas de los ocupantes, hasta rebasar los pilares traseros, con una luneta muy inclinada de modo que forma una repisa que se proyecta hasta los asientos, y de la que cuelgan los apoyacabezas de los mismos, que “flotan” sobre los respaldos, y cuya cobertura actúa también como arco antivuelco.
Los faros se extienden como dos finas bandas horizontales por el borde que actúa de paragolpes hasta perderse por las aletas, tras dos bloques de metacrilato que difuminan su luz, por lámparas de diodos. La zaga, impresionantemente ancha, va flanqueada por dos grupos ópticos circulares, pequeños y minimalistas, encastrados sobre una cola suavemente truncada, finamente perforada y con un deflector superior que a modo de acelerón proporciona la “downforce” necesaria para mantenerlo sujeto al suelo. Sobre ella, la tapa del motor, decorada por cinco filas de grandes orificios circulares de ventilación, y por abajo, el escudo efecto suelo con las salidas de escape centrales, agrupadas en tres bocas, una ovalada en el medio y dos triangulares contiguas, a modo de la salida de gases propulsora de un “jet” de combate.

Desde luego, el Sergio es un limpio ejercicio de estilo sin concesiones al automovilismo comercial. Los asientos en negro y gris lucen en su zona central negra unos botones circulares que repiten el diseño de la tapa del motor, conformando un diseño muy especial que configura la exclusividad única de un diseño “concept”, el primer “concept car” de un Ferrari hecho por Pininfarina en 13 años, bajo un estilo realmente intemporal, que puede ser tanto de hoy, como de ayer o de mañana…
Delante del panel delantero van los alojamientos para los obligatorios dos cascos de sus privilegiados ocupantes, según un diseño también exclusivo de Pininfarina realizado por el especialista Newmax, y personalizados en el mismo color de la carrocería. Las puertas son de apertura vertical, en élitros a 45º, y pese a un diseño absolutamente deportivo, el Sergio no renuncia a un mínimo maletero, de capacidad casi simbólica (110 litros), pero aún así suficiente para el exiguo equipaje de sus pasajeros.
Único, distinto y personal, el Pininfarina Sergio es una interpretación “vintage” de un superdeportivo actual, un ejercicio de estilo destinado al museo de la marca que difícilmente llegará a la producción, no ya en serie, sino ni siquiera de encargo. Aunque todo es cuestión de que lleguen a surgir clientes dispuestos a ello… En principio en Pininfarina no niegan la posibilidad de llegar a montar una mini-serie, si hubiera demanda suficiente, aunque a un precio realmente prohibitivo: de llegar a lanzarse a la venta, no bajaría de los tres millones de euros…


























