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Nombres de coches: ¿A quién se le ocurren?

4 diciembre, 2012

Me gustaría saber qué reglas se siguen por las marcas para bautizar a sus modelos de coche, porque aparte de números y letras, hay algunos nombres realmente raros, sobre todo últimamente, que me parecen muy poco acertados para un producto en el que cuenta mucho su facilidad de identificación. Estoy pensando en nombre como el Seat Mii o el Kia Pro_ceed. ¿Es por culpa de que estén registrados ya la mayoría de los nombres?
Jose Mª Lozano (Madrid, c. electrónico)

Respuesta.–Plantea Vd. un tema realmente curioso. En efecto, el hecho de patentar su registro influye en estas elecciones cada vez más desacertadas, aunque no las justifica totalmente. Marcas con una política inteligente como Seat, que eligió en su nueva etapa tras ser adquirida por VW la adopción de nombres de la toponimia ibérica (Ibiza, Toledo, León, Altea, etc) han caído ahora en el error de escoger algunos tan poco eufónicos como “Mii”, aunque siempre es posible ponerse de acuerdo en el caso de los registros, sobre todo si hace tiempo de ello y no han sido utilizados (así ocurrió con Volkswagen, que rescató el de Caravelle tras haber sido utilizado por Renault). Y lo mismo se puede decir de ciertas siglas…
Kia es un ejemplo de política de nombres un tanto absurda para Europa: tras elegir algunos más normales como Carens u Optima, tenemos el caso del Cee’d (que todos leen “Cid” en España) reiterado ahora con el “pro_cee’d”, con esta denominación oficial para la versión de 3 puertas, así escrita con guión bajo. Suelen ser denominaciones fruto de las ocurrencias de los “gurús” del marketing (los ingenieros son más serios) a las que siempre se le busca una explicación a posteriori (en este caso el de inspirarse en las siglas de la CEE, ya que era un modelo esencialmente pensado para Europa, pero cuyo significado aproximado en las diversas lenguas europeas oscila entre “semen” y “césped”).
Se puede entender que se abuse de denominaciones anglosajonas, ahora que el inglés se ha convertido en la nueva “lingua franca” mundial, pero no que se inventen nombres tan poco eufónicos y de compleja ortografía como Up!, Mii o Qashqai(aunque a fuerza de repetirlos reiteradamente en la publicidad acaben por ser más o menos familiares). Lo mejor es siempre buscar en las raíces propias, como hizo VW con su Golf (ola ú onda en alemán, además de un deporte) o Renault con el Dauphine (delfín, y por antonomasia príncipe heredero en la lengua de Molière). Y abundan los ejemplos: Escort (escolta) en Ford, Giulia y Giulietta en Alfa Romeo, Flavia y Fulvia en Lancia

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