
El mercado chino se ha convertido en el nuevo Eldorado de las marcas occidentales, sobre todo para las de lujo, pero eso no significa que allí se acepte todo sin rechistar a las marcas “premium”. Hay clientes tan exigentes o más que los europeos, y sobre todo, con menos paciencia. Si no que se lo digan al propietario de un Maserati Quattroporte en la ciudad de Qingdao, que indignado por la conducta de su concesionario (que tras la revisión le devolvió el coche lleno de arañazos y raspones, además de cobrarle piezas usadas como nuevas), celebró un acto público de inmolación del vehículo, destruido a martillazos en una plaza pública, delante de los medios de prensa y televisión. Y no ha sido el primero: en la misma Qingdao ya hubo antes otra reducción pública a chatarra de un Gallardo, también a cargo de su propietario (D. Han), insatisfecho por el trato recibido en el servicio oficial Lamborghini, cuando protestó ante el mismo por los problemas de arranque de su coche. Como cunda el ejemplo, los desguaces chinos van a tener mucho trabajo…