Hasta 2004, que nace la segunda generación, se vendieron 310.000 coches, a los que hay que añadir 185.000 más hasta la llegada de este «restyling» que introduce 650 elementos nuevos o modificados. La parte más visible se encuentra en su nueva imagen, con un nuevo parachoques que hace más agresiva su «nariz» y en general todo el conjunto frontal, al situar bajo el escudo una especie de abertura en «V» a cuyos lados van las nuevas tomas de aire.
Nuevas llantas, diodos en los grupos ópticos y la remodelación de la calandra a modo de bigote encarnan las señas de identidad de este lavado de cara del SLK.
Por detrás, se ha trabajado la zaga para canalizar mejor el flujo de aire y dejar que se vea un poco el deflector final del suelo, y como en los CLS, los retrovisores estrenan nuevas luces de intermitencia en forma de flecha.
Los motores han sido revisados, mejorando tanto su potencia y par como su consumo y emisiones.
El V6 de 3.5 litros (SLK 350) gana 33 CV y un mkg más de par (305 CV y 36,7 mkg) a base aumentar la compresión (11,7 a 1) por medio de nuevos pistones, un nuevo colector de admisión de una sola etapa y distribución modificada, permitiendo alcanzar ahora hasta las 7.200 rpm,. Y pese a todo, el consumo oficial combinado baja a 9,5 lts/100 km (1,1 litros menos) y las emisiones de CO2 se quedan en 227 gr/km. Mejores cifras da el SLK 280, que conservando su potencia y par, reduce consumo 0,4 litros (9,3 lts/100 km) y emite 11 gr menos de CO2 (220 gr/km). Y aunque son de todos modos muy buenos registros, lógicamente da bastante menos par (30,6 mkg) que su hermano el V6 350, si bien los da a un régimen más cómodo (2.500 rpm en vez de a 4.900 rpm), lo que en la práctica neutraliza mucho la diferencia entre sus 231 CV y los 305 CV del SLK 350, ofreciendo diferencias de aceleración y recuperaciones poco significativas.
De todos modos, la opción más comercial seguirá siendo los 4 cilindros del SLK 200 K, que con sus 1.796 cc sobrealimentados por un compresor volumétrico más eficiente y una gestión electrónica optimizada, gana 21 CV sobre los 163 CV iniciales y un mkg más de par (de 24,5 a 25,5 mkg), rebajando su consumo a 7,7 lts/100 km en el promedio combinado, con sólo 182 gr/km de CO2 (27 gr menos que antes).
El cambio sigue siendo el manual de 6 relaciones para todos como equipo estándar, mientras que los motores V6 (280 y 350) pueden montar en opción el 7GTronic de 7 marchas, que incorpora selector para cambio de marchas manual «M», que modifica la gestión electrónica del motor y agiliza el tiempo de los cambios que se realizan a través de las levas en el volante o la misma palanca.
Mientras, el SLK 200K debe conformarse con la opción del algo desfasado cambio automático de 5 relaciones. El carácter deportivo del modelo se complementa con una nueva dirección más rápida y directa (de serie en toda la gama), con asistencia y desmultiplicación variable (un 25% menos de giro de tope a tope de volante). La agilidad en tráfico urbano y carreteras de montaña aumenta de forma muy notable, mientras que a alta velocidad en autopista se mantiene el aplomo normal del coche.
Hay mejoras en el equipamiento, con un nuevo interior, cuadro de instrumentación rediseñado, nuevo volante sport de tres radios, nueva telemática NTG 2.5 combinada con el Command APS, sistema mejorado de reconocimiento de voz Linguatronic, portaequipajes para el techo, etc, pero en esencia el coche mantiene su personalidad y estilo que han hecho del SLK el perfecto icono de deportivo compacto de Mercedes.