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La arena del desierto nubla la vista de Ferrari y hace campeón a Vettel.

14 noviembre, 2010

Todo parecía predestinado a que Fernando Alonso se hiciera con la tercera corona, en un excepcional año del deporte español. Era la guinda a una tarta que nos la hemos comido entera durante todo el año para mayor envidia de los no españoles, que se comen las uñas cuando ven una y otra vez cómo nos llevamos todo tipo de títulos: Rafa Nadal, Selección Española de Fútbol, Motociclismo en las tres categorías, Tour de Francia,…, y el Rally París-Dakar que lo ganó Carlos Sainz a primeros de año. Ninguna cábala, ninguna simulación realizada antes de la carrera, preveía un escenario como el que se dio en la carrera de Abu Dhabi. Ni los más recalcitrantes antialonsistas (tiempo tendremos para dedicarles las letras que se merecen), pensaban que Alonso podría perder el título sin abandonar la carrera, pues ésta era la única posibilidad real de no hacerse con el título: que el F10 desfalleciera. Pero no ocurrió. A mayor abundamiento, el bicampeón español sorprendió a todos haciéndose con el tercer puesto en la parrilla de salida.

Sin embargo, las hadas no estaban con Ferrari ni con Alonso. Ya cometieron un primer error en la jornada de clasificación del sábado: configurar el coche para salvar la calificación con un set-up con carga aerodinámica media-alta, a costa de sacrificar la velocidad punta en la mayor recta del mundial, y por tanto sin posibilidad de adelantar en el único punto factible para ello. La estrategia planteada era a la defensiva, apostar alto pensando en parar su máximo rival, Webber, cuando la Scuderia ha sido siempre ejemplo de ir a ganar, no a defenderse. Probablemente, de haber salido más atrás el ritmo de carrera (verdadera baza del F10 este año) hubiese sido mejor, pero claro, pensarlo a posteriori es fácil. El caso es que saliendo tercero y con un piloto experto como Alonso en defender posición, pudiera parecer a priori que era acertado. Sin embargo el propio piloto español ya lo advertía justo antes de la salida. “perderemos la posición con Buton, pero luego la recuperaremos con la estrategia”. O sea, que ya Alonso sabía que no saldría bien. Éste fue el segundo error: fallar en la salida. Se ha convertido en una fastidiosa y penosa costumbre que el Ferrari este año está saliendo realmente mal: no parece un problema de tracción sino de embrague. No parece tampoco un problema del piloto, pues con coches peores ya demostró lo bien que sale, siendo actualmente el piloto de la parrilla que más veces ha acabado líder de carrera saliendo primero.

Así las cosas, empezó la carrera como el propio Alonso preveía: antes de la primera curva ya había perdido la posición con Button, pero aguantaba a Webber que venía detrás. De acabar así la carrera, Alonso sería campeón. Sin lluvia y en una pista donde el coche de seguridad ni aparece, todo parecía bajo control. El único miedo era el desgaste de los neumáticos blandos que ya habían avisado en los libres y calificación. Sin incidentes extra de carrera, nada alteraría el devenir del desarrollo. Pero como dijo Alonso días antes, “esto es Fórmula Uno y puede ocurrir de todo, cualquier cosa”. Se cumplió el presagio: en la primera vuelta, Michael Schumacher, que obtiene el peor resultado de su carrera deportiva, esto es, ni un podio en las 19 carreras disputadas, la lió parda, y en un error infantil, de principiante, de estudiante de auto escuela, en una chicane, cruzó su coche y lo dejó con el morro en sentido contrario, ocurriendo lo inevitable: lo patearon, lo arrasaron en un accidente que dio miedo verlo. Los líquidos se esparcían por la pista, el humo de los dos accidentados adelantaban lo que iba a ocurrir: el coche de seguridad (verdadero protagonista este año) salía a pista, y los nervios afloraban en las escuderías. Al ser la primera vuelta, nadie pensaba que empezarían a parar coches para cambiar ya las gomas. Pero los que nadada tienen que perder, los del pelotón, siempre hacen algo distinto, y así hicieron Rosberg y Petrov, por ejemplo: pusieron gomas duras para las 54 vueltas restantes. Hasta aquí, todo normal. Los de cabeza, todos con blandos, no paraban ninguno. La situación seguía bajo control. Vettel, primero, no se despegaba de Hamilton, segundo, que intentaba acercarse para presionarle. Button tercero con Alonso detrás, formaban un dúo al mismo ritmo, nada preocupante. Hasta que un nervioso y desesperado Webber, en su afán de presionar por detrás a Alonso, y con Massa achuchándole a él, en la vuelta 9 se fue de atrás y al pasar debajo del Hotel, se pegó tanto al muro que chocó la rueda trasera derecha. Tuvo suerte al seguir en pista. Pero algo fallaba en su coche y decidió parar y hacer el obligatorio cambio de neumáticos, aunque fuese demasiado pronto. ¿O fue una táctica de Red Bull para que Ferrari mordiese el anzuelo, como así fue después?. Con o sin toque hasta el más tonto sabía que Webber pararía mucho antes que Vettel, para hacer algo distinto, pues desde la salida tenía perdido el Mundial. ¿Cómo es posible que los estrategas de Ferrari no pensasen en eso en el largo briefing que tuvieron previo a la carrera?; ¿pensaban realmente que de no ser por accientete, Webber no pararía hasta mucho más tarde?. Era la vuelta 11. Pero Webber no tenía opción. Tenía que parar sí o sí. Además, el desgaste de gomas blandas se iba a producir en cualquier momento…., o eso creíamos, porque a Button le duraron bastante como luego vimos. En Ferrari se ponían nerviosos. Las imágenes de los mecánicos paralizados sujetando las ruedas, como para salir disparados con ellas, denotaba la tensión que se vivía. Webber hacía su parada. Salía por detrás de Jaime Alguersuari que no le aguantó ni dos vueltas. Y en Ferrari, temerosos de que Webber tuviese mejores tiempos con gomas duras (como parecía con los pilotos que ya las habían cambiado), y dado que iban pegados, pensaron que cuando Alonso cambiase gomas, Webber le ganaría la posición y aumentarían sus opciones, porque Vettel, Hamilton, Kubica y Button no habían parado.

Y ocurrió lo peor: tercer error de Ferrari, el peor de todos, el más garrafal, el que a la postre le quitaría el Mundial a su pupilo, pues en la vuelta 16, desde el muro, Ferrari muerde el anzuelo puesto por Red Bull, y manda parar a Alonso para cambiar ya sus gomas blandas por los neumáticos duros. La parada, rapidísima, no cambia las cosas y Alonso sale por delante de Webber. Pero lo peor había ocurrido: nadie pensó en el tráfico que se encontraría Alonso si paraba, con coches que ya habían parado, como Rosberg y la roca Petrov. Inaudito e incomprensible que cayesen en esto, máxime si tenemos en cuenta que en el box se sabe cuál es la posición exacta de cada uno gracias a los GPS instalados en los monoplazas. La lógica dice que se para cuando se puede salir sin tráfico para aprovechar los neumáticos nuevos, con pista limpia. La noche caía ya sobre el Circuito de Yas Marina en la vuelta 18. Y los que no habían parado iban tan bien de tiempos que tampoco perderían su posición: Vettel, Hamilton, Kubica y Button. Éste último aguantó como nadie con su primer juego de gomas, ¡hasta la vuelta 40!, y al final su premio fue ser tercero para ceder su corona al nuevo campeón. Lo hecho por Button debió ser el ejemplo a seguir por Ferrari. Si Alonso hubiese seguido en pista sin parar, no hubiese tenido el tráfico que tuvo después. Alonso tenía ante sí su calvario particular, una pesadilla, una penitencia: durante 40 vueltas no pudo el F10 con el Renault de Petrov, pero no era eso lo peor: Kubica le iba cogiendo distancia, hasta obtener una ventana de 22 segundos, el tiempo justo para parar (¡cómo aguantó con un solo juego de gomas hasta su parada!) y salir delante de Alonso. Y por si esto fuera poco, Rosberg (que paró al inicio con el coche de seguridad) también iba delante de Alonso, eso sí, no más de 2 segundos. Demasiados rivales por delante. Demasiado poco tiempo para recuperar tantas posiciones necesarias para cubrir su título mundial, que se escapaba de las manos cual puñado de arena del desierto entre los dedos. Los Renault, como queriendo vengarse de la salida de Alonso hacia Ferrari, hace un año, corrían como nunca. Petrov era una roca, no cometía un error. ¿Será una casualidad que los dos Renault hiciesen precisamente su mejor carrera justo por detrás del Red Bull y justo por delante de McLaren y Alonso?; ¿será una casualidad que Red Bull monte motor Renault y que a la marca francesa le interesase más que ganase un Red Bull precisamente por eso?; ¿será casualidad que mecánicos y personal de Renault participasen activa y entusiásticamente en la celebración por la victoria en el box de Red Bull?. Los McLaren, como queriendo también vengarse del annus horribilis con Alonso entre sus filas, ocupaban dos posiciones por delante del asturiano, vitales para que Alonso no ganase. La configuración del coche de Alonso hacía el resto e imposibilitaba el adelantamiento. Una y otra vez, curva a curva, el F10 se acercaba. Las leyes de la física, Alonso las destrozaba. Si Newton viviese, hubiese flipado. Por dos veces se saltaba la chicane pasado. La primera vez, en la vuelta 24. Poco después, la siguiente salida. Tenía que regular pues si no, le penalizarían con un drive through. Alonso iba pegadísimo en los pasos por curva, a 0,4 décimas. Menos de un suspiro. Casi le tocaba el trasero con la punta del F10, pero no había opción para meterle el morro, porque en las rectas, Petrov parecía un misil ruso, que se alejaba de nuevo. Alonso iba al límite. Ocurrió lo mismo en la carrera de Turquía, pero allí el ruso desfalleció a falta de tres vueltas. Aquí no. Tampoco cedía Kubica con Hamilton apretándole hasta que el polaco tuvo que parar a hacer su cambio, suficiente para el inglés que aseguraba su segunda plaza, pero imposible ya coger a Vettel. El tapón Renault había funcionado. Suficiente para Vettel. Insuficiente para Alonso, que veía cómo el polaco salía delante de él en el pit-stop. No uno, sino dos Renault tendría por delante a falta de pocas vueltas. Rosberg, también delante. Misión imposible. Sólo un accidente o rotura de Vettel le daría el título. Demasiado factor suerte para una misma noche. Vettel, que no sabía nada de la posición de Alonso, ganaba la carrera y se enteraba por radio de que era el nuevo y más joven Campeón del Mundo de Fórmula Uno.

Sebastian Vettel, con sus cinco victorias y diez poles es justo Campeón del Mundo de F1 2010. Nada que objetar. En Red Bull tenían lo que querían: que ganase su alumno aventajado del Programa de Jóvenes Pilotos, por encima de Webber. Y Eclestone –el dueño de todo el circo- ganaba también –siempre gana él- pues necesitaba un nuevo icono para aumentar las audiencias el año que viene… y su ya abultada cartera.

Fernando Alonso, desesperado, atenazado por la frustración, se encaraba con un atónito Petrov, que no entendía el por qué de los aspavientos de Alonso. El español se bajaba del F10 exhausto, cabizbajo, y se refugiaba en el box donde era consolado y arropado por los suyos. Por segunda vez en su carrera deportiva, lloraba en público. La primera vez, a los 15 años cuando perdió el Campeonato del Mundo Categoría Junior de Karting en la última carrera cuando también, como en esta ocasión, llegaba líder. Su titánico esfuerzo en las últimas 9 carreras tirando del carro de la ilusión de Maranello, no servía para nada. Su remontada no servía para nada. Pero fue el único que al final acertó el pronóstico lanzado ya después de Bélgica-SPA: para ganar el Mundial hay que hacer podio todas las carreras, dijo Alonso. Bien lo sabía él, que cumplió su apuesta, carrera a carrera, hasta que falló en la última carrera. De haber subido al cajón, sería Campeón. En Oviedo y Maranello, nadie daba crédito al estrepitoso fracaso, a la pérdida del Mundial cuando tenía todo a su favor. Lo habíamos dicho en otro artículo: la estadística jugaba en contra de Alonso, pues de las 9 veces en las que tres (dejando fuera a Hamilton, que lo tenía imposible) pilotos llegaban con opciones de ganar en la última carrera, sólo en tres ganó el que llegaba como líder.

Ahora toca recomponerse. En Ferrari ya han salido a la palestra para reconocer los errores y para arropar a Alonso, el menos culpable de todo el desastre de Abu Dhabi. Lo de Massa, vergonzoso: no sólo no ha ayudado nada en las 19 carreras disputadas, sino que ni una sola imagen se ha visto consolando y arropando a su compañero. Si la envidia fuera tiña…

Tanto Domenicali (Director) y Andrea Stella (Ingeniero de Pista), como el mismísimo Montezemolo (Presidente), han exculpado a su piloto y le han felicitado públicamente por la extraordinaria y excelente campaña realizada en su primer año con la Scuderia y con coche inferior. De lo que seguro se arrepiente Montezemolo es de no haberle fichado antes, cuando salió de McLaren. Probablemente se arrepienta también de la decisión tomada de sustituir a Jean Todt con Domenicalli en vez de repescar a Ros Brawn, que en su año sabático esperaba la llamada de Ferrari. Pero en púlblio, el “presi” Montezemolo ya le ha mostrado su apoyo. Domenicali empieza a tener un serio problema: todavía no ha ganado ningún campeonato con Ferrari. Si cuando falla “el tuercas”, la culpa es para el mecánico, cuando se falla hacia arriba en la pirámide de decisión, la culpa debe ser asumida directamente por quien tiene el poder de decisión. Con serenidad han aceptado rápidamente sus errores. Han asumido sus fallos, sin tapujos, sin rodeos. No se han justificado inútilmente. Al menos, han dado la cara, con la cabeza alta, sin esperar a que pasasen los días, como corresponde a una escudería mítica, a un equipo acostumbrado a ganar siempre. Eso les honra.

Ahora toca analizar profundamente los errores cometidos. Pero sobre todo, toca mejorar el coche. Han ido a remolque de los Red Bull toda la temporada. Aún así, Fernando Alonso queda segundo a escasos 4 puntos del primero, e igualado en 5 victorias con el Campeón del Mundo, Vettel. Ya tiene mérito haber superado al otro Red Bull.

Pero el 2011 está ahí, a la vuelta de la esquina. Y sólo tienes 29 años, Alonso. Gracias Fernando por devolvernos la ilusión de nuevo tras tres desilusionantes años por unas cosas o por otras. Por verte pelear contra el viento de una máquina peor que la del rival. Por volver a soñar con verte campeón. Por haber ganado cinco carreras, las mismas que tu rival campeón, y escuchar de nuevo el himno español por el mundo. Por tirar del carro cuando en julio todos te dábamos por desahuciado en este Mundial. Por levantarnos el ánimo. Por no rendirte nunca. Hasta la prensa italiana, francesa, alemana,… te ha exculpado del desastre, del hundimiento del Titánic rosso en aguas del Golfo Pérsico.

El sueño de Alonso de su primer título con Ferrari quedaba enterrado en la arena del desierto, a la luz de la luna.

Próxima carrera, el 13 de marzo de 2011, GP de Bahrein, Circuito de Sakir.

¡Un cordial saludo, y hasta pronto amig@s!.

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