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Hyundai Veloster 1.6 GDI Sport DCT

9 enero, 2012
M. ÁNGELES PUJOL

Estéticamente el coche llama la atención se le mire por donde se le mire. Pero el que la carrocería tenga tres puertas y un portón trasero, ya es también un reclamo para la vista, aunque la puerta trasera del lado derecho está muy bien disimulada. Acceder al interior tiene su “historia”, sobre todo por lo que concierne a las plazas traseras y eso que las dos puertas delanteras además de ser grandes, tienen un buen ángulo de apertura. Si lo hacemos por el lado del conductor, hay que correr el asiento hacia delante lo que implica después tener que volver a regular la posición porque no tiene memoria. Si se hace a través de la segunda puerta del lado derecho, hay que hacer más de una contorsión, primero porque es más pequeña y con menor grado de apertura y después porque la caída del techo resta altura.

Pese a ser un compacto de 4,22 metros, el espacio interior es más que satisfactorio, sobre todo para las dos plazas traseras que disponen de bastantes centímetros para las piernas aunque el conductor o el acompañante midan más de 1,90 metros de altura, en cambio, la altura libre al techo no facilita el acomodo para pasajeros muy altos; de cualquier modo, esas plazas traseras ofrecen cierta sensación de claustrofobia, máxime si tenemos en cuenta que el cristal izquierdo no puede bajarse y que la visibilidad por efecto del diseño de las ventanillas es reducida.

Si por fuera se ha cuidado el diseño, en el interior se ha hecho lo mismo, especialmente por lo que concierne al salpicadero; éste está realizado en plásticos de textura dura que, en cierto modo, rebajan la percepción visual de calidad pero los remates y ajustes son más que correctos. La posición del conductor es buena gracias a los diferentes reglajes de asiento y volante, éste último en altura y profundidad; sin embargo, la visibilidad hacia atrás es un tanto reducida tanto porque la luneta es de pequeñas dimensiones como por su gran inclinación que reduce el plano.

Por lo demás, los asientos son de estilo deportivo. La distribución de mandos sigue el mismo esquema que hemos visto en los últimos modelos lanzados por la marca pero, al menos personalmente, nos molesta el asa interior de la puerta con la que se tropieza al buscar los mandos de los elevalunas y se está conduciendo a la vez. Por lo demás, además de una guantera de buena capacidad hay diversos huecos para guardar cosas. En cuanto al maletero, es profundo y con unas formas bastante regulares pero la boca de carga es alta y exige un esfuerzo mayor para meter el equipaje; debajo del piso se aloja una rueda de repuesto de emergencia. El motor que mueve al Veloster es el 1.6 litros de inyección directa atmosférico y de la familia Gamma que ya conocemos en otros modelos de la marca.

Es un motor que podemos llevar a velocidad de crucero sin ninguna dificultad y de manera muy tranquila. Hasta 3.000 vueltas empuja con razonable energía y de manera progresiva ayudado en esta ocasión por una caja automática de doble embrague y seis velocidades denominada DCT, con un accionamiento rápido y preciso a través de las levas tras el volante o la palanca de cambios. Sin embargo, el mejor rendimiento empieza a darlo al sobrepasar las 4.000 vueltas (el régimen máximo lo tiene a 6.300) y es cuando parece encontrarse más a gusto. Está claro que es un motor que pide ir próximo al límite si se quiere aprovechar todo su potencial, pero en esas condiciones tanto la sonoridad como los consumos se resienten. Si nos movemos por debajo de las 3.000 vueltas, la respuesta es menos contundente así como también su capacidad de recuperación por lo que habrá que trabajar con el cambio.

Por lo que concierne a las suspensiones, están muy bien equilibradas pero está claro que se ha apostado decididamente por primar antes el comportamiento dinámico que el confort y el reglaje de muelles y amortiguadores es bastante duro por lo que se transmiten con bastante fidelidad las irregularidades del terreno.

Al coche se le nota bien asentado sobre el asfalto y sin oscilaciones de carrocería en las curvas que pueden abordarse a un buen ritmo. La dirección es suave y bastante directa pero le falta un poco de precisión en tanto que los frenos cumplen con su cometido pero el tacto del pedal es un tanto blando y hay que ser contundente en la pisada para obtener la máxima efectividad.

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