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Ganando bajo la lluvia.

24 octubre, 2010

Si Gene Kelly viviese 58 años después de cantar y baliar su famosa frase “I´m Singin’ in the Rain”, ya tendría la segunda parte de la canción que dio nombre a la película, y podría cantar la nueva versión, filmada en Corea: “I´m Winnin’ in the Rain”. Claro que puesto que el bailarín no vive, bien podría sustituirle un bailarín vestido de rojo, Fernando Alonso, que sobre cuatro ruedas dio un recital de cómo se baila sobre el agua. Por fin tuvo la suerte de cara en una carrera de lluvia y logró su primera victoria sobre mojado. Nunca antes lo había conseguido, si bien ya ha demostrado saber moverse en estas situaciones «como pez en el agua». Su quinto triunfo de la temporada es aún más si cabe, más glorioso, más importante por la dificultad de correr –no ya sobre mojado, algo habitual en los circuitos asiáticos- sino hacerlo en un circuito nuevo, sin referencias de comportamientos de neumáticos en estas condiciones, con un asfalto que no drenaba el agua, lo que provocó que la salida se hurtase a los espectadores en beneficio de la seguridad, y se lanzase la carrera 17 vueltas después de arrancar el trenecito de monoplazas detrás del coche de seguridad. La lluvia sorprendió a todos, bueno no a todos, pues esta vez sí, Ferrari acertó en sus previsiones y prepararon el monoplaza para la que se avecinaba.

El fin de semana empezaba bien, con Alonso muy concentrado, y mostrando su potencial y determinación para llevarse esta carrera, en los libres. Los Libres 1 no aportaron nada como siempre este año, donde están prohibidos los test, pero sí los Libres 2 donde Alonso fue segundo, pegado al primero, Webber. En la sesión de Libres 3, un sorprendente Kubica lograba el mejor tiempo, con Hamilton, segundo y Alonso, tercero pegadísimo en los tiempos, separándole de la cabeza tan sólo 72 milésimas. Se podía soñar con la pole. Y casi se consigue. Alonso hizo una calificación fantástica, otra vez, como si ya le hubiese cogido el gustillo a la Q3. Los Red Bull y McLaren, dominadores durante toda la temporada, ya no las tienen todas consigo ante un emergente Alonso peleón en las últimas carreras en la calificación. Cuando el asturiano tenía la pole en el bolsillo, los dos Red Bull que habían esperado hasta el límite en el box para salir a dar su vuelta, y sabedores de que sólo tendrían una oportunidad, aprovecharon que el asfalto agarraba más y la vuelta era más limpia, para hacer doblete y quedarse con la pole y el segundo lugar. Alonso se quedaba con la miel en los labios, saliendo tercero, pero por la zona limpia, lo que en este circuito sin grip se antojaba clave. La diferencia con la pole era de 00.000.181. Menos que un estornudo. Menos que un suspiro. Hamilton, cuarto, se quedaba lejos a casi medio segundo. Los terceros libres y la calificación, se disputaban sin lluvia, pero lo que se avecinaba para el domingo era de traca.

El domingo de carrera, el diluvio del tifón que merodeaba por la zona descargó toda su rabia, su potencia, e inundaba el circuito. En esas condiciones, y con un asfalto que no drenaba el agua, la Dirección de Carrera decide poner el SC (Safety Car) en pista y lanzar la carrera. Tras dos vueltas, aparece la bandera roja, se decide parar, ante la imposibilidad de ver nada. “Es la peor pista que he visto en mi vida”, decía por radio Fernando. La carrera se para una hora. Se vuelve a relanzar desde la vuelta 3, siempre con el coche de seguridad, verdadero protagonista. Y empezó a dar vueltas, una tras otra. Los de delante, como temiendo lo peor, lanzaban mensajes subliminales de que así era imposible correr, sabedores de que si se suspendía la carrera en ese momento, al no haberse corrido el 75 % de las 55 vueltas previstas, el podio quedaría con la posición de la parrilla, repartiéndose los puntos en la mitad de su valor. Para los Red Bull, era la mejor opción, el negocio perfecto: saldrían de Corea más líderes del Mundial, y Alonso quedaría tercero, detrás de Vettel. De haber echo caso a los dos de delante, hubiese sido un fraude, el mayor escándalo de la historia de la Fórmula Uno. Afortunadamente, se siguió adelante. Por detrás, los que no tenían nada que perder y sí mucho que ganar, “de perdidos, al río”, debió pensar Hamilton, quien insistía en que había que correr ya, que parase el coche de seguridad. Al inglés se le veía impaciente, con ganas, sabedor de que es un auténtico experto en correr sobre agua. Y sabedor de que esta vez sí, tendría su oportunidad, tras dos fiascos consecutivos. Y Alonso, en medio, callaba, seguía a lo suyo, concentrado, como viendo que se avecinaba su gran oportunidad. La tensión aumentaba y los nervios de todos afloraban, pues el coche de seguridad seguía dando vueltas. A ese paso de casi tres minutos por vuelta, ni se acabaría la carrera en vueltas por superarse el límite previsto de 2 horas por carrera, ni se podría correr por falta de luz, pues el cielo se veía oscuro, negro, a esas primeras horas de la tarde en Yeongam. Las últimas vueltas del coche de seguridad fueron innecesarias, pues se veía que, si bien no se evacuaba agua, la intensidad de la lluvia había descendido, y el carril de la línea de trazada quedaría casi seco en cuanto los bólidos se pusiesen en marcha. Pero parecía claro que dirección de carrera quería ser protagonista en la primera carrera de Corea y estaban dispuestos a batir el récord de vueltas de Safety-Car, de 17 que se dieron en Japón en el año 2000. Pues así ocurrió, justo en la 17, pararon (porque no tenían más gasolina), y se decidió lanzar la carrera.

Empezaba la acción, el baile sobre el agua coreana. A poco de empezar, en el giro 18, el primer bailarín, Webber, resbalaba, caía cual hoja marchita, pisaba piano, cometía un error de pilotaje (reconocido por él mismo, cosa que le honra), y Rosberg que venía detrás no podía evitar el impacto: los dos fuera. Antes había pasado Alonso, que pudo esquivar a Webber milagrosamente, y sin dar volantazo o frenazo, lo que hubiese provocado un trompo y su adiós a la carrera. ¡Que sangre fría la de Alonso!, ¡y qué dominio del volante!. Alonso lo advirtió hace tiempo: “alguna vez les pasará algo a los Red Bull”. El líder del Mundial dejaría se serlo a no ser que todos sus perseguidores abandonasen también. El batacazo era tremendo. Las imágenes del box de McLaren dando saltos de alegría, impresentables. Lo del “fair play”, no va con ellos. En Red Bull se mostraban apesadumbrados, pero ya tenían lo que querían: Vettel, el niño mimado de la escudería, delante de su compañero de equipo a falta de dos carreras tras acabar ésta. Por detrás, choques, incidentes, toquecitos, lo de siempre en carrera de agua, pero con un protagonista estelar: Adrian Sutil. El piloto alemán, más parecía un kamikaze que otra cosa. ¡Menudo espectáculo nos dio!. Estaba como desatado, dando trompos y provocando situaciones límite con unos y otros. Al final lo pagó: su último baile acabó contra el muro, llevándose a una víctima por delante. Otro protagonista fue Buemi, compañero de Alguersuari, que anda más despistado que un pavo en Nochebuena. Los dos fueron sancionados con cinco puestos de penalización en la próxima parrilla de Interlagos (Brasil). Otro que perdió el control y se fue recto contra el muro, fue Vitali Petrov, que destrozó su Renault.

Los neumáticos de lluvia extrema se estaban agotando, pues ya no llovía. Lo que en un principio parecía una carrera sin paradas, se convirtió en un baile de paradas para poner neumáticos de lluvia intermedios, como consecuencia de las salidas del coche de seguridad. Fueron parando todos, menos los dos de cabeza: Vettel y Alonso, que les pasó lo mismo que en Valencia, que se quedaron sin tiempo para entrar, así que tuvieron que esperar una vuelta más, pues los tiempos mejoraban con los intermedios. Al final, el alemán entró a cambiar gomas y Alonso detrás, sin pensárselo dos veces, para no perder el ritmo ni la comba de cabeza. Y en esto apareció “el tuercas” de turno, especialista en aguar la fiesta. Se le escapó de las manos la tuerca de la rueda delantera derecha del F10 de Alonso. El piloto asturiano quiso quitarle hierro al asunto y se cargó él mismo la culpa al decir que no hizo bien la parada, derrapó y cruzó el coche bloqueando rueda, y que en esa posición el mecánico lo tenía más difícil. Todo un señor, el asturiano. A eso se le llama hacer equipo, ser líder. El mecánico le estará eternamente agradecido. Pasaron unos segundos interminables, dramáticos, 3,7 exactamente. Al final, se puso la rueda, pero al salir del pit-lane, Hamilton conseguía pasar por delante de Alonso, por centímetros. En ese momento, la clasificación del Mundial daba un giro, pues si bien Alonso seguía delante de Hamilton, Vettel se distanciaba de él. Ser tercero no era mal negocio, en esas circunstancias de carrera. Pero la Diosa Fortuna estaba ese día con Fernando Alonso: en la siguiente vuelta, al final de la recta de meta, Hamilton, presionado por el español, se iba de frenada y perdía la trazada; Alonso recuperaba su posición perdida en el pit-stop, y “el tuercas” respiraba tranquilo. En ese momento, de acabar así la carrera, Vettel sería 1º en el Mundial seguido de Alonso a 7 puntos. Seguía siendo un buen negocio para el español, pues al empezar la carrera era 2º a 14 puntos, aunque de otro piloto, Webber. En declaraciones recogidas por Miguel Sanz, en Marca, Hamilton reconocía la maestría del piloto español: “he de decir que Fernando ha conducido realmente bien”. Palabra de Hamilton. La pista seguía siendo peligrosa y cualquier error te echaba fuera. Los neumáticos se degradaban a gran velocidad. Todo hacía presagiar que se llegaría por los pelos a las 55 vueltas, y que la clave estaría en las gomas, que en algunos coches parecían “slicks”, más lisos que la calva de Kojak. La noche parecía caer, pero Charlie Waiting, Director de Carrera, no estaba dispuesto a pararla, a pesar de los mensajitos de Vettel de que no se veía bien: artimaña para parar, ganar la carrera y llevarse todos los puntos al haber pasado el umbral del giro 42 (75 % de carrera). Vettel y Alonso seguían con su ritmo. Hamilton detrás. El Mundial se iba a apretar de acabar así las cosas. Pero la Diosa Fortuna volvió a aparecer para alegría de Alonso y Hamilton y desgracia de Vettel: su Red Bull decía basta, y rompía motor. Los cilindros iban volatilizándose uno a uno, hasta poner el coche en llamas. El motor del Red Bull de Vettel, cumplía el ciclo de tres, pero no llegaba al final, todo lo contrario del F10 que usaba un motor puesto en las carreras de SPA y Suzuka. Fiabilidad total para el F10 para las carreras que restan, donde ya todos usarán motores usados, sin el comodín de poder poner uno nuevo, so pena de perder 10 puestos en parrilla. El pánico se apoderó del box de Red Bull que veía cómo sus dos coches, perfectos, soberbios en diseño, inmaculados en clasificación, volvían a caer en fiabilidad, que es la clave de un campeonato a 19 carreras. Y si no, que se lo digan a Ferrari al inicio del Campeonato. En McLaren abrían las botellas de alegría. El fisio de Alonso, Edoardo Bedinelli, reía y agitaba los brazos. Quedaban 10 vueltas por delante. Alonso era líder de carrera y líder virtual del Mundial. A Hamilton se le abrió el cielo, y apretaba para llegar al asturiano e intentar pasarle. Parecía que el inglés era más rápido ¿las gomas del F10 estaban al límite?. Se acercaba peligrosamente al español. Fernando Alonso conseguía vuelta rápida, lo que indicaba que sus gomas no estaban tan mal y que estaba con la calculadora en la mano, la calculadora que tenía guardada en su cajón desde 2006, cuando le perseguía Schumacher. Las tres últimas vueltas parecían interminables. Hamilton levantaba el pie, sin arriesgar, contento con su 2ª plaza que le metía otra vez en la lucha final del Campeonato. Massa iba tercero, en tierra de nadie, salvando su posición con Schumacher cuarto, imposible de cogerle. Fernando Alonso conducía con maestría, con tiralíneas, sin arriesgar lo más mínimo, acordándose quizá de la famosa frase del Equipo A: “me encanta que los planes salgan bien”. Su conducción, sin gomas, era portentosa, genial, de maestro. Bailaba sobre el agua cual Gene Kelly reencarnado. Increíblemente, consiguió la best-lap, y el mejor tiempo en el sector 3, el más sinuoso, el más difícil, donde se requiere ser mejor que el resto, donde se demuestra la calidad del pilotaje. Por eso es el mejor y más completo piloto de la actual parrilla. Y lo ha demostrado una vez más siendo el único piloto en no cometer ningún error en esta carrera, ni tan siquiera ha cometido un solo error en los libres y calificación. Vettel dice ahora que Alonso ha tenido suerte, pero se equivoca el alemán: la suerte favorece a la mente preparada, y Alonso tiene la cabeza mejor preparada de la parrilla, sin errores de conducción, sin fisuras, reforzándose aún más en condiciones infernales. Señor Vettel, no es suerte. Es no cometer errores. ¿Que se rompió el motor?, bien, igual le ocurrió a Alonso al principio de temporada.

Alonso se acercaba a la meta, mientras su ingeniero de pista, Andrea Stella, le insistía: “Fernando, por favor, baja la velocidad”, cuando Hamilton estaba a cinco segundos. A lo que Alonso respondía: “Ah, vale, pero tranquilos que el coche va bien y lo tengo todo controlado”. Últimos giros, y la proeza, conseguida. Ni siquiera zizagueó, como para no trompear, se acercó al muro, de color rosso, y levantaba los puños. Conseguía su 5ª victoria del año, superando en victorias al resto de rivales. Igualaba al mítico Alain Prost en victorias en su primer año de debut en Ferrari, a tiro de las 6 de Raikkonen. Conseguía su 26ª victoria en la F1, superando a Lauda y Clark, quedándose a una del 5º clasificado en la lista histórica, Jackie Stewart, y a cinco del 4º en la lista, Nigel Mansell. Casi nada. Y el liderato del Mundial volvía a ser suyo después de tenerlo en la primera carrera de la temporada. Fiesta total en Ferrari. La remontada iniciada tras la décima carrera de Silverstone, se había conseguido. Entonces estaba a 47 puntos del líder. “Tranquilos chicos, que vamos a ganar este Mundial”, le dijo por radio a su equipo. Sólo él creía en la remontada, con una fe inquebrantable, con una determinación feroz, con una tenacidad asombrosa, que asusta. Pronto se la transmitió a su jefe, Domenicali quien se apresuró a decir: “quien no crea en la victoria final, no merece trabajar en la Scuderia”. Su patrón, Luca Cordero di Montezemolo, no le fue a la zaga, y manifestó después del fiasco de SPA-Bélgica que “Estamos para ganar aquí y que nadie nos olvide para el título mundial». Con Alonso el espíritu Ferrari ha vuelto. En Monza consiguió el climax. Pase lo que pase este año, lo conseguido ha hecho inmensamente feliz a todo Maranello. Pero los italianos ya no se conforman. Quieren el título. Así se despachaba la prensa italiana, que encumbran a Alonso con términos como “el mago”, “el alquimista”, o “el maestro”. «La Gazzetta dello Sport» señala que “ahora Alonso y Ferrari están obligados a conseguir el mundial”.

A buen seguro que Fernando Alonso hará lo imposible por conseguir su ansiada tercera corona, que lo encumbre junto a su idolatrado Ayrton Senna, y junto a otro póker de tricampeones: Nelson Piquet, Niki Lauda, Jackie Stewart, y Jack Brabham.

En la próxima carrera de Brasil, Circuito de Interlagos, sólo él puede ser matemáticamente campeón si gana y Webber hace más de 4º, o si hace 2º y Webber hace 8º. Y con Alonso tercero, Webber tendría que ser 10º y Hamilton 5º. En Ferrari están convencidos de que habrá que llegar a la última etapa, Abu Dhabi. La prudencia, obliga, empezando por el asturiano, que ha hecho un llamamiento al sosiego, a la calma, y sobre todo, al trabajo en fiabilidad, y concentración máxima, únicos elementos realmente válidos para ganar el Mundial más apasionante que vieron los tiempos.

Próxima carrera, GP Brasil, Circuito de Interlagos, el 7 de noviembre a las 17:00 horas en España.

¡Un saludo y hasta pronto, amig@s!

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