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El necesario apoyo del PIVE

El necesario apoyo del PIVE

5 marzo, 2015
G. ROMERO-REQUEJO O.

El pasado año se ha cerrado con una sustancial mejora de ventas, sobre los 860.000 vehículos nuevos, y para el presente 2015 las previsiones apuntan a que estaremos cerca del millón entre turismos y todo terrenos (contando a más los vehículos comerciales), señal inequívoca de que poco a poco las aguas de la crisis van volviendo a su cauce. Unas ventas que aún están lejos de ese millón y cuarto anual que marcaría el regreso a la normalidad de nuestro mercado del automóvil, y que se espera alcanzar cuando el nivel de paro descienda del 15%, algo todavía difícil de predecir pero que no es fácil que se alcance antes de 2017.

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Por eso todavía nuestro mercado necesita muletas para sostenerse, unas muletas que se plasman en ese Plan PIVE que el gobierno ha decidido prorrogar este año en su séptima edición. Un PIVE 7 necesario para sostener el nivel de empleo en las redes, mantener el incipiente tirón del consumo y apuntalar una industria constructora que no puede vivir exclusivamente de la exportación. Así ha parecido entenderlo el ministro Soria, al anunciar que estará vigente todo el año, algo necesario si pensamos que sus fondos (175 millones que el Estado recupera con creces vía impuestos) ya casi se han agotado antes de su entrada en vigor, ya que se han cargado contra ellos la mayoría de las operaciones de venta realizadas bajo la prórroga del PIVE 6 a finales de 2014.

Tanto ANFAC como ANIACAM (las asociaciones empresariales más importantes del sector), sostienen que el PIVE es necesario en el actual estado de cosas; hay una debilidad estructural de la demanda y un parque envejecido (algo más de 11 años de edad media por vehículo) al que se debe estimular su renovación. Sin embargo ya hay voces que parecen levantarse en contra del mantenimiento del PIVE, como la del Secretario de Estado de Comercio, Jaime García Legaz, que ya viene avisando de que hay que revisar “las políticas de estímulo a la compra de coches”, aduciendo que el aumento de las importaciones (+19,4% en 2014) es una señal de que el PIVE empezaría a resultar ya prescindible.

Con posterioridad, y en unas declaraciones con el presidente de GANVAM, Juan Antonio Sánchez Torres, de nuevo García Legaz insistió en que estas ayudas “no pueden tener una continuidad indefinida”, algo desde luego evidente, pero aviso un tanto inoportuno en el presente momento y que no han gustado nada a un sector que, junto al turismo, tiran con más fuerza de la economía nacional.

Desde GANVAM, Sánchez Torres también coincidió en que nadie espera que estas ayudas se conviertan en una subvención de duración indefinida, pero sí que se mantengan mientras persista la sequía del crédito a las familias. No olvidemos que la banca sigue actuando bajo mínimos, asfixiada por sus activos tóxicos y su alto índice de morosidad, de ahí la necesidad de sostener incentivos como los planes PIMA Aire y PIVE para asegurar el sostenimiento de la demanda, algo a lo que contribuyen también de forma importante las financieras de las marcas que corren por su cuenta con la mayoría de las financiaciones y que vamos a necesitar al menos todo este año, y puede que también en 2016, y que la propia Comisión Europea ha acabado aceptando como medio de mantener un sector estratégico de nuestra economía como es la industria de la automoción.

Las ventas en 2014 siguen en el entorno de los 18 vehículos al año por cada 1.000 habitantes, cuando para un mercado como el español, por población y nivel de renta, deberían estar en torno a los 25 por cada 1.000 habitantes (recordemos que en los años de vacas gordas se llegó a los 38…).

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