Deportividad aburguesada
Tras los SportCoupé y CLC (ya historia), Mercedes ofrece un coupé de diseño más tradicional en su Clase C (dos puertas y maletero independiente) pero dotado de calida y «caché» de imagen de la marca y una deportividad suficiente (incluso en diesel) para mantener sus aspiraciones de representatividad en su clientela más dinámica. A cambio de un precio ciertamente alto… 43.000 €.
Viene a ser tan grande como un Clase C, (4,59 m de largo) , pero ahora con un importante voladizo trasero, más convencional que las zagas de los SportCoupé y CLC. A pesar de ello sólo se ha configurado para 4 plazas (algo no tan raro en el segmento), lo que con los 450 litros oficiales que anuncia su maletero, supone ofrecer capacidad más que sobrada para el equipaje de 4 adultos.
Por delante todo recuerda a la actual Clase C, más angulosa y con más aristas que antes, aunque no exenta de belleza y de un equilibrado compromiso entre chapa y vidrio. Con el paquete AMG de la unidad probada aumenta su “look” deportivo (también su incomodidad, por culpa de las llantas de 18.
Habitabilidad correcta y buen maletero.- En el interior, las dos plazas delanteras son cómodas y envolventes, aunque no sean tan fáciles de ajustar como las de la Clase E (aquí no tenemos cinturones de seguridad “inteligentes”). Hay anchura de sobra, incluso detrás, donde al sacrificar la plaza central se puede conformar el diseño de la banqueta para dos asientos individuales. Lo que ya no sobra tanto es espacio para piernas (dado el gran volumen de los asientos delanteros), sobre todo si se retrasan mucho, algo un tanto criticable en un coche de casi 4,6 m de largo y 2,76 de batalla.
Tampoco sobra espacio para la cabeza detrás, dada la rápida caída en arco del techo. Pero eso ya forma parte de las características de los coupés, lo mismo que una visibilidad trasera en maniobra francamente mejorable, tanto por culpa de los anchos montantes traseros como por la excesiva zona opaca de la luneta.
El cuadro es clásico, bitono y de fácil lectura, con un diseño analógico bastante original y un mini-display central bastante útil. Con el paquete Blue Efficiency de serie en estas versiones, tenemos modo de cambio (normal, sport o eco) en el automático obligado que montan todos estos coupés en su nivel 250 (tanto diesel como gasolina) 7G-Tronic, un cambio en teoría opcional pero que equipan casi todos los 250 CDI, y que desde luego, entre su lentitud y sus larguísimo desarrollos, no parece el más indicado para una versión deportiva.
La consola central, muy ancha y repleta de botones, junto a los mandos al volante (en sus brazos horizontales) exige cierto tiempo de acomodo en la localización de mandos, pero en general el nivel medio de calidad de remates y acabado está a la altura de lo que se espera de Mercedes, y por encima del nivel del anterior CLC, aunque choquen detalles como el mantenimiento del freno de mano por pedal, ahora que todos los coches “premium” lo llevan eléctrico.
El maletero es grande, aunque menos de lo esperable para el tamaño del coche y para su voladizo posterior. Anuncia 450 litros, que se quedan en unos 420 con la rueda de repuesto de emergencia, y aunque tiene mucho fondo, peca de bajo, lo que impide introducir bultos un poco altos (y aquí no hay portón que lo permita a base de quitar la bandeja cubreequipajes). Además las dos imponentes bisagras de la tapa también roban espacio lateral superior… No entendemos como no se ha adoptado un sistema de bisagras pantográficas que se ocultan en la ranura. Al menos, los asientos traseros cuentan con respaldos abatibles, lo que siempre es útil a la hora de ampliar el volumen para objetos largos.
Motor: potente pero no deportivo.-La mecánica de este 250 CDI coupé es la ya tradicional de todos los diesel de 4 cilindros de la marca de la estrella, o sea el bloque de 2.143 cc de los 2.2 CDI, con su larga carrera de 99 mm por 83 mm de diámetro de pistones, alimentado por inyección directa “common rail” a 1.800 bares y con inyectores piezoeléctricos.
Un motor aquí alimentado por dos turbocompresores en serie y un generoso “intercooler” que eleva su rendimiento hasta los 204 CV a 4.200 rpm, con un par máximo de nada menos que 51 mkg entre 1.600 y 1.800 rpm. Es una planta motriz suave y poderosa, no muy ruidosa (salvo en frío) dado que su régimen habitual de giro, dados sus largos desarrollos, es casi siempre por debajo de las 3.000 rpm, y pensada precisamente para funcionar de modo habitual entre las 1.500 y las 2.500 rpm, que es cuando se muestra más contundente.
Sin embargo el cambio 7G-Tronic filtra demasiado sus reacciones, y salvo en modo Sport, sus reacciones son demasiado linfáticas. Gira bien por debajo de las 1.500 rpm, si se busca una conducción extremadamente económica, pero en realidad no presenta una respuesta muy enérgica a ningún régimen, siendo la progresividad su característica más acusada.
Lo cual no quiere decir que no ande sino todo lo contrario, y mucho. Pero no lo parece, o al menos no en la medida en que se esperaría de un coupé deportivo. Sin embargo, el crono arroja unos registros bastante atractivos, sobre todo si pensamos que estamos ante un coche automático de 1,7 toneladas de peso y 204 CV de potencia, claramente sobrecalzado con el paquete AMG (ruedas de 225/40 delante y 255/35 detrás). Así las cosas, tiene mérito lograr los 212 km/h de velocidad punta (aunque anuncia 240) y bajar de 30 segundos en el km desde parado (29,5), cubriendo los 0-100 km/h en casi 8 segundos. Es una mecánica que permite cruceros francamente ilegales en torno a los 150/160 km/h de forma indefinida en autopista, y que merced a la excelente aerodinámica del coche (con un Cx de sólo 0,26), no da muestras de empezar a agotarse hasta los 180/190 km, pudiendo lograr medias de infarto gracias a su 7ª marcha sin que el consumo (aunque lógicamente alto) llegue a ser escandaloso.
En proporción y debido a unos desarrollos tremendamente largos (en 5ª ya supera los 47 km/h por cada mil vueltas, y en 6ª se va a casi 57,5, para llegar a los 64,5 en 7ª…) resulta menos brillante en baja, salvo que pasemos al modo Sport y juguemos con las levas al volante para cambiar. Pero entre la lentitud del cambio y de que a menudo decide por su cuenta la marcha en la que debe rodar, no debemos esperar unas respuestas fulgurantes entre los 80 y 120 km/h, o al menos no más de las que obtendríamos con un 220 CDI manual.
En cuanto a consumo, tampoco es un prodigio de economía, pese a sus siglas Blue Efficiency.
Los oficiales son realmente muy bajos (6,1 lts/100 km el máximo urbano y 4,2 el mínimo extraurbano, con menos de 5 (4,9) en el promedio combinado. Son valores para el coche con cambio manual, que suben ya a 6,8, 4,6 y 5,4 respectivamente con el automático 7G-Tronic. Pero la realidad es aún más distinta, como por otra parte resulta inevitable en un coche de su peso, ruedas y cambio. Aun así, con todas las gollerías del paquete “B.E”, incluido “stop & start”, lo cierto es que en ciudad (su peor registro) no llega a 8 lts/100 km, aunque se queda cerca, y en carretera se mantiene en torno a 6 a cruceros legales (5,6 a 90/100 km/h en plan turístico, y 6,3 a 120/130 en plan normal.
Casi es más frugal, gracias a sus larguísimos desarrollos y su buena aerodinámica, a alta velocidad, por encima de los límites vigentes, ya que a 140/150 km/h no llega al consumo urbano y a 160/170 km/h sólo lo supera un poco… Seguro que con las llantas de 17” y la mucho más normal (y barata) medida de 225/45 R17 para sus neumáticos sea posible lograr consumos aún más ajustados, aunque la verdad es que sin ser llamativamente bajos, tampoco son altos en razón de su nivel de prestaciones.
Comportamiento: compromiso mejorable.- En el capítulo de su comportamiento dinámico, vaya por delante que con todos sus extras y con el ESP de última generación que monta Mercedes, es todo un ejemplo de seguridad y confianza. Pero ya no tanto de deportividad: en primer lugar la dirección es bastante directa y hasta peca de dura, pero no acaba de facilitar toda la información de su contacto con el piso, mientras que la amortiguación (más dura con el pack AMG) se pasa un poco, resultando ya un poco incómoda sobre mal piso, más por los rebotes que por su recorrido de absorción. La dirección paramétrica, que varía su desmultiplicación ligeramente según el ángulo de giro, requiere un cierto período de adaptación, lo mismo que los frenos, tremendamente contundentes (discos ventilados y perforados de prácticamente 30 cm de diámetro en ambos ejes), a los que hay que acostumbrar el tacto del pedal.
Por cierto, el diámetro de giro con llantas de 18” es mayor del oficial anunciado (en 17”), por lo que los 10,8 m se quedan en casi 11 y medio, por debajo de lo que nos tiene acostumbrados la marca de la estrella.
Dicho esto, hay que reconocer que al límite este C Coupé se tiene muy bien, con un ESP que interviene cuando debe y un eje trasero muy progresivo, aunque en mojado pueda resultar algo más nervioso de la cuenta. Es noble de reacciones, rápido de paso en curva y muy ágil, y francamente cómodo sobre buen piso. Luego, sobre terreno bacheado el eje trasero (perfil 35, no lo olvidemos) acusa ya más las desigualdades y el personal se siente peor tratado. Pero entre el cambio y la suspensión, sobre mal piso tampoco este C Coupé invita a hacer alardes de conducción deportiva.
En comparación con un BMW Serie 3 Coupé, su tacto es claramente menos deportivo. Como mucho está al nivel de un Audi A5, y aún así con un cambio que perjudica claramente su respuesta dinámica.
Precio alto.- Por último, la relación precio/calidad es el punto débil de este Mercedes. No porque la segunda sea baja (todo lo contrario, por supuesto) sino porque el primero es demasiado alto. En el nivel de acabado propio del coupé tenemos un equipamiento muy completo (todos los airbag, incluido el de rodillas, sensor de presión de neumáticos, climatizador dual con guantera refrigerada, luz diurna de cruce por diodos, faros antiniebla, equipo audio con mandos al volante, Bluetooth, etc).
Pero aún así hay muchas cosas en opción, y no precisamente de capricho, como el techo panorámico de vidrio, la tapicería de piel, el navegador o la suspensión AMG, sino que deberían formar parte del equipo de serie de un coupé deportivo “premium”, como los faros de xenon y adaptativos, la alarma antirrobo, los sensores de aparcamiento… Y que conste que nuestra unidad de pruebas venía equipada a tope (con algunos extras tan interesantes como el lector automático de señales y limitaciones o el cambio automático de faros), pero claro, con todo ello su precio final superaba de largo los 50.000 euros… Por 43.000 euros, la verdad es que el cliente de este C Coupé diesel de Mercedes debería tener derecho a algunas cosillas más, que tampoco le vendrían mal para resaltar su carácter nato, más burgués que deportivo.
Sin contar que, para quienes busquen más deportividad en esta versión, mejor que prescindan de entrada del cambio automático 7G a favor del manual de 6 velocidades, y hasta del tren rodante AMG, que quizá mejore su “look” pero le perjudica en mojado y sobre mal piso. Porque al fin y al cabo, este 250 CDI tiene la mitad de caballos de un AMG… Y si al precio original le añadimos el cambio automático y el Pack AMG, y de propina el Pack 2 de iluminación (faros de xenon y cambio automático de luces) estamos ya en los 50.000 euros, que no es grano de anís.






