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Desencanto eléctrico

6 junio, 2013
JUAN ROBREDO

Los constructores empiezan a tirar la toalla ante el fracaso del coche eléctrico, y ahora las ilusiones se centran en el hidrógeno, sobre todo a través de la tecnología de la “fuel cell”, la pila de combustible. Toyota acaba de aliarse con BMW para desarrollar esta fórmula motriz, mientras que Renault/Nissan hacen lo propio con Daimler/Ford (propietarios de la Automotive Fuell Cell Corp.) junto a la canadiense Ballard. Y por su parte, GM prosigue en solitario su propio desarrollo en este campo, lo mismo que la coreana Hyundai, aunque GM podría compartirlo con su nuevo socio, el grupo galo PSA. El hecho incontestable es que la demanda da la espalda al coche eléctrico. En 2012, las ventas europeas de coches eléctricos (incluidas a flotas) pese a estar subvencionadas no han superado las 30.000 unidades, con algunos fracasos tan clamorosos como el español (1.650 unidades, incluidas las del cuadriciclo Twizy de Renault, y las 154 del Nissan Leaf, declarado en su día Coche del Año en Europa (menudo despropósito) y cuya venta mundial –15.000 unidades– ni siquiera alcanza la décima parte de la previsión inicial. Y pese a ello, el Gobierno español no se da por enterado, manteniendo los 10 millones de euros anuales de ayudas a la compra de coches eléctricos, que tan bien vendrían para paliar otros problemas en estos momentos, con 5.500 euros de máximo en turismos (y 1.800 como mínimo, en el caso del Twizy) y encima excluye a las motocicletas, las únicas que realmente podrían merecerlo (y para las que hay más demanda: 203 motos eléctricas matriculadas en el primer trimestre del año frente a sólo 70 turismos). Parece mentira…

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