SEAT ALTEA FREETRACK 2.0 TDI 4WD
28 febrero 2008
Con el Freetrack, Seat entra en el segmento de moda, más popular y con mayor variedad en nuestro mercado. La tracción 4×4 no le era desconocida, aunque la marca la utilizó siempre como un «plus» para sus modelos más deportivos (Toledo, León, etc). Y ahora sobre la base del Altea XL, da a este Freetrack un aire campero con sus molduras de plástico negro protegiendo los bajos de la carrocería, pasos de rueda y paragolpes.
Grandes ruedas de aleación de 17” con neumáticos 225/50, mayor toma de aire frontal, distintos huecos de faros antiniebla y un nuevo protector frontal de bajos resaltan su estética campera. Detrás son nuevos los paragolpes envolvente, con protector de bajos, doble salida de escape (a la izquierda), logo Seat con la leyenda «Altea 4» en medio del portón… El coche gana 4 cm de alto respecto al Altea XL debido a las llantas grandes y a la mayor altura al suelo, y 1 cm de ancho y otro de largo debido a las nuevas protecciones.

Aire «campero», habitabilidad conocida.— Por dentro, el Altea Freetrack ofrece el mismo interior del XL, aunque con nuevos colores en guarnecidos y tapizados de buena presencia. El puesto de conducción es uno de sus puntos fuertes, no sólo por su altura sino por sus múltiples regulaciones, garantes de una óptima postura de conducción, con todos los mandos al alcance.
Los asientos delanteros son muy envolventes, con buen mullido y mejor sujeción lumbar. Detrás, el espacio es idóneo para dos adultos y menos para tres, aunque los admita. La banqueta se abate asimétricamente y se desplaza longitudinalmente (16 cm), ideal para jugar con el espacio y el volumen del maletero (cuya capacidad varía, según la posición de la banqueta, entre 490 y 593 litros, incluida la rueda de repuesto de emergencia).
Destaca la combinación de colores del salpicadero, en marrón y negro, junto a algunos acabados en símil carbono. En el centro aparece la gran pantalla multifunción del navegador GPS (opcional), de 6,5”, debajo los mandos del climatizador (bizona) y ya en la base la palanca de cambio, con la palabra «Freetrack» en el pomo. El volante (multifunción, con los mandos de audio y «manos libres» en sus brazos) se regula en altura y profundidad, y hay portaobjetos de techo (en fila, desde el espejo retrovisor hacia atrás) para resaltar su carácter funcional, junto a la pantalla TFT de 7 pulgadas, para el lector DVD, que forma parte del equipo de serie de esta versión de lujo.

Motor sobrado.— El motor es el 2.0 16V TDI de 170 CV (el 140 CV se reserva al 2WD, mientras que la opción en gasolina corre a cargo del 2.0 TSI turbo de 200 CV, con su mismo precio). Poco que decir sobre este turbodiesel archiconocido en las distintas marcas del grupo VAG, y que Seat ya ofrece en varios de sus modelos, en especial los más deportivos (como el León FR). Sus 170 CV son más que suficientes para mover con toda agilidad la tonelada y media larga de este Freetrack, pero sobre todo lo que cuenta es su elevado par: 35,7 mkg desde sólo 1.800 rpm, que además se beneficia de un desarrollo final algo más corto (poco más de 51 km/h por 1.000 rpm en 6ª) que en el Altea XL del mismo motor. Un acortamiento deliberado para compensar los mayores rozamientos de la tracción total y su aumento de peso, así como para facilitar el uso «off road » en marchas cortas, pero que resulta casi excesivo, a la vista de su aceleración (y del ruido a medio y alto régimen).
Este 2.0 TDI de 170 CV empuja con fuerza prácticamente desde el ralentí, para entrar a continuación en la zona de las 2.000 rpm con mucha fuerza y acercarse con rapidez a la zona roja del cuentavueltas (4.500 rpm), con una tremenda sensación de poderío al pisar a fondo el acelerador. Suena grave y ronco, y sus casi 36 mkg entre 1.800 y 3.000 rpm, le permiten adelantamientos fulgurantes, casi siempre sin bajar de 6ª.
El cambio manual de 6 marchas, rápido y preciso, está bien adaptado a su potencia, aunque peca de algo corto, ya que alcanza su teórica velocidad máxima en 6ª justo al descenso de la curva de potencia a 4.000 rpm (204 km/h), con un escalonamiento bastante cerrado, lo que permite un ritmo rápido de marcha al mantener siempre el motor en los valores de par máximo. Sorprende su agilidad incluso en pistas de tierra, aunque también puede circular por carretera en 6ª a 1.800 rpm (92 km/h); y basta pisar el acelerador para que se recupere sin tener que reducir de marcha.

Sus prestaciones son francamente brillantes para un vehículo de este segmento, ya con un peso importante (1.568 kg) y una aerodinámica que no le favorece. Supera los 200 km/h y acelera de 0 a 100 km/h en sólo 8,6 segundos, cubriendo el km con salida parada en unos escasos 30,5 segundos, cronos que demuestran su carácter claramente deportivo, rematado por unas estupendas recuperaciones en 5ª y 6ª marcha. Su relación entre prestaciones y consumos es además muy buena: en carretera a 90/100 km/h sólo gasta 5,9 lts/100 km, para subir a 7 a 120/130 km/h. En ciudad se dispara un poco (9,1 lts/100 km), pero pese a ello arroja una media de 7,6 l/100 km, excelente para un coche de sus características.
Y sobre tramos de tierra, podemos calcular un incremento del orden de 1,5 litros cada 100 km.
La tracción total es la misma del León Cupra 4 y la que siguen empleando cantidad de modelos del grupo VAG con motor delantero transversal (VW Golf 4Motion, Skoda Octavia Combi, etc). O sea por embrague Haldex con reparto electrónico del par, de modo que en circunstancias normales funciona como un tracción delantera (con el 95% del par delante, y apenas un 5% detrás mandado por simple resbalamiento) y sólo cuando el tren delantero pierde adherencia aumenta el envío del par al trasero, hasta un máximo del 50%. El ESP y el control de tracción TCS están adaptados a esta tracción (el ESP cuenta además con sensor de función de remolque).