Filtros de habitáculo: el filtro antialérgico

28 mayo, 2018
J. ROBREDO

Entre los filtros del automóvil, el de habitáculo es el único que no filtra fluidos del motor del coche sino el aire que respiran sus ocupantes, de ahí su importancia en estos tiempos en que a todos nos preocupa tanto la contaminación como, ahora en primavera, el polen de las plantas y las alergias que provoca.

Hasta tal punto es importante esta función, que durante mucho tiempo se les ha llamado filtros de polen, aunque su función fuera mucho más amplia, al retener todas las impurezas orgánicas o minerales del aire en el interior del habitáculo del vehículo, tanto el polen como otras partículas en suspensión en forma de polvo, el hollín, sílice, bacterias…

Evidentemente no todas las personas son igual de sensibles a esta contaminación, los asmáticos y los alérgicos son los primeros en apreciar su efecto positivo, pero además de la mayor facilidad para una respiración más sana, el filtro de habitáculo retiene también (sobre todo si es de carbón activo) muchas sustancias más peligrosas, en especial las potencialmente cancerígenas como como los hidrocarburos aromáticos, el mismo hollín del humo, o las orgánicas tóxicas, como esporas y hongos.

Y no son pocas, ya que según algunos el aire del habitáculo puede llegar a estar en las ciudades hasta 5 veces más contaminado que el de la propia calle. Si pensamos en los últimos episodios de contaminación por partículas que llevaron a restringir el tráfico en Madrid hace unos meses, es fácil hacernos una idea de su importancia y de la necesidad de su reposición frecuente en estas condiciones (las marcas lo recomiendan cada 15.000 km o una vez al año, sobre todo con una elevada humedad ambiente).

Filtros de habitáculo: Un filtro muy humano

El filtro de habitáculo es también de papel poroso, pero no parafinado sino apelmazado con fibras no tejidas (“non vowen”) junto a una capa de polipropileno cargada de electricidad estática para retener magnéticamente las partículas, trabajando a un caudal lento (de 10 a 150 litros por segundo, normalmente entre 40 y 50) para causar menos resistencia.

Suele presentar una baja contrapresión, para no recargar el trabajo del ventilador eléctrico, lo que no quita para que consiga una alta retención de partículas tras su barrera, como mínimo del orden de hasta una ó media micra, que en la actualidad alcanza ya hasta la décima de micra que son las que más emiten los diésel modernos y también las más peligrosas porque pueden llegar hasta los alveolos pulmonares; por eso son tan eficaces a la hora de filtrar el polen.

Filtros de habitáculo: ¿Normal o de carbón activo?

La duda es la de si compensa o no poner filtros de habitáculo de carbón activo, sobre todo cuando se dispone de esta doble oferta con los normales (hay coches que sólo tienen un filtro normal en el recambio, y otros que sólo es de carbón activo, sobre todo en modelos “premium”).
No cabe duda de que los filtros de carbón activo son la mejor solución, tanto para los usuarios más sensibles y alérgicos como para filtros bajo condiciones de humedad extrema: retienen más HC (hidrocarburos libres) y más óxidos nitrosos y sulfurosos (NOx y SOx) así como otros gases y vapores que aunque no se huelan pueden provocar mareos y dolores de cabeza, y desde luego, eliminan mejor todo tipo de olores. A cambio son más caros, aunque su precio tiende a bajar conforme hay más coches que los equipan, siguiendo la tendencia a la baja de los filtros normales.


Como regla general los más sensibles al polen y las alergias deben montar los de carbón activo, procurando siempre que sean de calidad reconocida, como los de Sogefi, a través de sus marcas Purflux, Fram y Coopers Fiaam. Además, ahora estos últimos suelen venir aditivados con polifenol, que los hace aún más eficaces contra los alérgenos al mejorar mucho la retención de partículas alérgicas, como es el caso de los ClimFilter Supreme de Valeo, los Filter+ de Bosch y también los de Mann+Hummel que recurre a filtros con polifenol (en sus líneas Frecious Plus y Frecious Smart), combinados de carbón activo y alta retención con una capa extra de polifenol que además de retener partículas, polen y bacterias, elimina gases como el ozono y los NOx. Los Frecious Smart se han desarrollado pensando también en su uso en vehículos eléctricos, de modo que funcionen preferentemente bajo recirculación de aire, para recurrir lo mínimo al sistema de aire acondicionado y no disminuir la autonomía eléctrica del vehículo.